lunes, 12 de agosto de 2024

Carcinoma hepatocelular

 Autor/a: Dr. Gabriel Kraus Fischer, Médico Interno del Centro Médico Nacional Siglo XXI y Dr. Alberto Halabe Bucay, Pediatra Hospital Ángeles de las Lomas Revista Dolor, Foro Nacional de Investigación y Clínica Médica Año 7/ Vol. VI/ 2010

Desarrollo

Carcinoma hepatocelular

El carcinoma hepatocelular (CH) es uno de los tumores más comunes a nivel mundial; es un problema de salud importante y a pesar de las medidas que se han tomado para prevenirlo, su incidencia continúa en aumento en muchas regiones del globo terráqueo. Es el tumor de hígado que ocurre con mayor frecuencia y está altamente asociado a pacientes que cursan con cirrosis, aunque también se relaciona con otras enfermedades.1,2

Palabras clave: carcinoma hepatocelular, cirrosis

Epidemiología

El CH es el tumor hepático primario más frecuente en la edad adulta, mientras que las otras neoplasias primarias presentan una incidencia mucho menor. Mundialmente, se suma un millón de casos nuevos cada año; representa 4.1% de las neoplasias malignas, con una elevada mortalidad; en cuanto a su distribución geográfica, se observa una mayor concentración en regiones específicas de Asía y África en donde hay una recurrencia de 150 casos por cada 100,000 habitantes. La mayor parte de las veces se diagnostica en etapas avanzadas, por lo que la supervivencia suele ser menor a un año. La máxima frecuencia se encuentra entre la quinta y la sexta década de la vida.3,4,5,6

Patogenia y factores de riesgo

El género masculino es un factor de riesgo (3:1 relación varón-mujer) debido probablemente a los siguientes factores: tasa más elevada de infecciones virales, susceptibilidad genética, andrógenos, mayor reserva de hierro, así como mayor exposición a alcohol y aflatoxinas. Existe una alta relación entre el CH y la infección por los virus de la Hepatitis B (HBV) y C (HCV). De 70 a 90% de los tumores hepatocelulares se desarrollan en hígados cirróticos.

El CH se ha asociado al VHB y VHC; en varios estudios genómicos se ha propuesto que ciertas proteínas del genoma viral del VHB participan en la carcinogénesis. En pacientes no infectados por el VHB, el principal factor de riesgo para el carcinoma hepatocelular es la cirrosis, cuadro que incluye infección por el VHC, cirrosis alcohólica, enfermedades hepáticas crónicas y autoinmunes, así como hemocromatosis primaria. La mayor incidencia de CH ocurre en la tirosemia hereditaria, ya que casi 40% de los pacientes desarrollan el tumor pese a seguir una dieta adecuada.

Otros factores de riesgo que presentan un nexo menos consistente son hepatitis autoinmune, cirrosis biliar primaria, colangitis esclerosante primaria, hemocromatosis, deficiencia de antitripsina alfa, porfirias y obstrucción membranosa de la vena cava inferior, así como enfermedades de almacenamiento de glucógeno e hiperplasia de conductos biliares intrahepáticos, utilización de anticonceptivos orales, esteroides anabólicos andrógenos y, sobre todo, la aflatoxina (en regiones donde se ingieren hongos que la contienen o son contaminados tras su almacenamiento). De igual modo, se ha notificado un vínculo entre diabetes mellitus y CH.4,6

Patología

Macroscópicamente se pueden encontrar tres patrones: como una masa única, nódulos multifocales diseminados y de tamaño variable, o como un cáncer infiltrante difuso (Figura 1) que puede abarcar gran parte del hígado e incluso su totalidad.

Figura 1. CH difuso en hígado cirrótico

Los CH suelen ser más pálidos que el tejido hepático que los rodea y, a veces, cuando están formados por hepatocitos bien diferenciados capaces de secretar bilis, adoptan un tono verdoso.

Estructuralmente, el CH puede ser desde bien diferenciado (Figuras 2 y 3) hasta un tumor indiferenciado con criterios de anaplasia. Las variedades histológicas son trabecular, seudoglandular o acinar, compacta, de células claras y, aunque poco frecuente, la fibrolamelar. Los grados de diferenciación van de acuerdo a la granularidad y la calidad acidófila de los hepatocitos neoplásicos, el tamaño e hipercromatismo del núcleo, la relación núcleo-citoplásmica, y la cohesión y configuración del tumor. Hay varias tinciones de inmunohistoquímica con la finalidad de distinguir un CH de lesiones metastásicas o colangiocarcinomas: anticuerpos contra fetoproteína alfa, anticuerpos antivirus de la hepatitis B, antígeno carcinoembronario y citoqueratina 19. En formas poco diferenciadas, las células tumorales pueden adoptar un aspecto pleomorfo, con numerosas células gigantes anaplásicas y células pequeñas y completamente indiferenciadas, que incluso pueden ser similares a un sarcoma de células fusiformes.2,4,6

Figura 2. CH bien diferenciado

Figura 3. CH canalículos con pigmento biliar

Manifestaciones clínicas

El diagnóstico temprano es difícil, los tumores necesitan alcanzar dimensiones considerables antes de ser detectables. No existen manifestaciones patognomónicas del tumor y es frecuente que los síntomas sólo sean evidentes cuando existe diseminación. La reserva funcional hepática puede conservarse hasta que el tumor sustituye un segmento importante del estroma hepático, lo que dificulta su diagnóstico bioquímico temprano. Además, en múltiples circunstancias el tumor coexiste con cirrosis de larga evolución, lo que lleva al clínico a atribuir los síntomas a la cirrosis (Tabla 1).

Los síntomas incluyen dolor abdominal, pérdida de peso, debilidad, pesantez en la región abdominal, ictericia, náusea y ascitis refractaria. Puede haber también necrosis central, que se manifiesta con síntomas de irritación de la cavidad abdominal; también puede invadir el sistema venoso portal y provocar el síndrome de Budd-Chiari (trombosis de las venas hepáticas) o extenderse hasta la aurícula derecha a través de la cava.

A la exploración, la hepatomegalia es el principal signo en 50 a 90% de los pacientes. Estrías y ascitis son más raras; puede haber esplenomegalia asociada a hipertensión portal, así como los signos clásicos de enfermedad hepática crónica como ictericia, red venosa colateral, eritema palmar, ginecomastia, atrofia testicular y edema periférico, y ascitis. También podemos encontrar síndromes paraneoplásicos asociados a fallas en algunos procesos bioquímicos intrahepáticos.4,7

CH: Presentación Clínica en la U. de Pittsburgh LCC. (n=547)
SíntomasPacientes%
Asintomáticos12924
Dolor abdominal21940
Otro (Anemia etc.)6412
PFH alteradas12924
Pérdida de peso11220
Pérdida del apetito5911
Debilidad/ cansancio8315
Ictericia305
TC alterada de rutina en cirróticos9217
Síntomas de cirrosis9818
Diarrea71
Ruptura del tumor1 
Características del paciente
Edad media56 +/- 13
Hombre: Mujer3:1
Raza:
Caucásicos
Medio oriente
Asiáticos
Negros

72%
10%
13%
5%
Cirrosis81%
No cirrosis19%
Características del tumor
# de tumores:
1
2
3 o más

20%
25%
65%
Invasión a vena porta75%
Unilobar25%
Bilobar75%

 Diagnóstico

La mayor parte de los pacientes, 50 a 90% (Herrera y Gómez) 60 a 75% (Robbins), presenta como marcador tumoral la fetoproteína alfa (FPA) elevada por encima de 400ng/ml, este valor es prácticamente diagnóstico de CH. Este marcador también se eleva en tumores germinales del seno endodérmico y en enfermedades no neoplásicas como la cirrosis, necrosis hepática masiva o crónica, en embarazo, en sufrimiento o en muerte fetal y en defectos del tubo neural fetal. Al haber elevación > 20ng/ml se debe combinar la medición de este marcador junto con la ultrasonografía cada seis meses.

Otra prueba serológica que se altera hasta en 80% de los pacientes es la protrombina des-y-carboxi que se eleva y desarrolla en ausencia de vitamina K; esta prueba también se eleva en pacientes con deficiencia de vitamina K y en pacientes que están siendo tratados con anticoagulantes cumarínicos.

También se puede hacer una punción biopsia con aguja fina para confirmar la naturaleza de la lesión focal. No obstante, sólo establece el diagnóstico en alrededor de 75% de los casos. Se acostumbra efectuarla bajo control ecográfico continuo y requiere una tasa de protrombina >50% y una cifra de plaquetas >40-50x103/mm3. Esta prueba puede ser riesgosa debido a que el hígado está muy vascularizado y hay ciertos tumores que forman vasos sanguíneos. También se elevan las pruebas de función hepática en muchos casos.

Las técnicas de imagen que se utilizan con regularidad para el diagnóstico y la evaluación de la extensión de la enfermedad son el ultrasonido y la tomografía computarizada (TC). Mediante ultrasonido se observan imágenes hipoecoicas, encapsuladas y con sombra acústica; es muy buena técnica en lesiones mayores de un centímetro, con una sensibilidad de hasta 86%, pero la TC es la técnica de imagen que alcanza sensibilidades de hasta 90% y especificidad de 86%.

Los factores pronósticos van de acuerdo a la clasificación TNM que ha sido el mejor indicador pronóstico junto con la escala Child-Pugh para encefalopatía hepática.4,5

Tratamiento

El tratamiento abarca desde la resección quirúrgica, inyección cutánea de etanol, radioterapia, ablación vascular, quimioembolización, hasta el transplante de algún segmento resecado. Tratar el problema de base previo al CH junto con tratamiento sistémico o, en algunos casos, paliativo.4

Inmunidad y prevención

La inflamación crónica del hígado está altamente asociada al desarrollo de múltiples neoplasias malignas, entre las que se incluye la del CH; una de sus principales causas es el Virus de la Hepatits B (VHB), que es responsable aproximadamente de 60 a 90% de los carcinomas hepatocelulares en adultos y cerca de 100% en niños.

La primera línea de prevención del cáncer mediante la vacunación se demostró al aplicar la vacuna del VHB en niños. El primer programa universal de vacunación del VHB fue lanzado en Taiwán y se ha continuado por más de 20 años. Adicionalmente, en recién nacidos de madres con alto riesgo (con antígenos positivos del VHB en plasma) se les administra inmunoglobulina anti-VHB 24 horas después del parto. Veinte años después del lanzamiento de este programa, la tasa de incidencia de CH en la población general de Taiwán, menor de 20 años, disminuyó de manera significativa. Este estudio (Chang MH) revela la alta asociación que hay entre el VHB y el desarrollo de CH y la eficacia de la vacuna contra el VHB.

Otra causa de inflamación crónica del hígado, que también está asociada al desarrollo de CH, es el virus de la hepatitis C (VHC), cuya inmunización está actualmente en investigación y ya ha obtenido resultados clínicos positivos en algunos estudios, mas la investigación sigue actualmente en progreso (Álvarez-Lajonchere L, Dueñas-Carrera S).8,9

Colangiocarcinoma hiliar: manejo actual

 Autor/a: Dres. Ito F, Cho CS, Rikkers LF, Weber SM Ann Surg 2009; 250(2): 210-218

Introducción

El colangiocarcinoma hiliar (tumor de Klatskin) es una neoplasia infrecuente que se origina en la confluencia biliar o en los conductos hepáticos derecho o izquierdo. Cerca de 3.000 casos de colangiocarcinoma extrahepático son diagnosticados anualmente en los Estados Unidos. El tratamiento del colangiocarcinoma hiliar ha permanecido sin cambios debido a la falta de una terapia adyuvante efectiva. Además, la habilidad para lograr una resección completa está frecuentemente limitada por la naturaleza localmente avanzada del tumor al momento de su presentación.

A diferencia del colangiocarcinoma intrahepático o ductal, que pueden ser tratados con resección hepática o duodenopancreatectomía, respectivamente, el manejo quirúrgico del colangiocarcinoma hiliar ha evolucionado desde su descripción original [1,2]. En las décadas tempranas, el manejo quirúrgico fue primariamente paliativo, generalmente con pobres resultados [3,4]. Los primeros reportes de resección del colangiocarcinoma hiliar comprendían típicamente la resección del árbol biliar con hepaticoyeyunostomía [5,6]. En los últimos 20 años, el manejo quirúrgico del colangiocarcinoma hiliar ha evolucionado debido a los adelantos en las imágenes preoperatorias y a una apreciación mejorada de las características del crecimiento del tumor. Esto ha resultado en el reconocimiento de que la resección hepática es necesaria para manejar tanto la invasión hepática directa como la extensión longitudinal intraductal que caracteriza típicamente al colangiocarcinoma hiliar [7-12]. Este artículo se enfoca en la evaluación preoperatoria y en el manejo quirúrgico actual del colangiocarcinoma hiliar. Las características anatomopatológicas de esta enfermedad, opciones para la evaluación preoperatoria e intraoperatoria y resultados después de la resección y del transplante hepático ortotópico, son discutidos.

Características clínicas

Anatomía patológica y patrones de diseminación

El adenocarcinoma es el subtipo histológico más común. Se han descrito tres subtipos morfológicos del colangiocarcinoma: esclerosante (70%), nodular (20%) y papilar (< 5%) [13]. Pueden coexistir características de los tipos nodular y esclerosante.

Las características del patrón de crecimiento del colangiocarcinoma hiliar incluyen: 1) invasión transmural de los conductos biliares y extensión radial en el tejido periductal y estructuras adyacentes y 2) extensión longitudinal a lo largo de los conductos biliares, en la submucosa [14]. El fenotipo papilar tiene un patrón de crecimiento predominantemente intraluminal con extensión transmural tardía; este subtipo se asocia con un pronóstico más favorable [15]. En contraste, la diseminación longitudinal a lo largo de la pared del conducto con extensión submucosa microscópica, es característica de los subtipos con formación de masa e infiltración periductal [13,16,17]; es esa característica biológica la que a menudo entorpece la posibilidad de obtener márgenes histológicamente negativos. Como demostración de este hecho, el análisis anatomopatológico extensivo en una serie de 29 casos, mostró que la distancia media de la invasión microscópica más allá del margen macroscópico era de 16,8 mm en dirección hacia el hígado y de 6,5 mm en dirección hacia el duodeno; de ahí la dificultad para obtener una resección completa [16]. Estos tumores frecuentemente están acompañados de invasión tanto directa como linfática dentro de los tejidos periductales, ocasionando una fibrosis marcada e infiltración de células inflamatorias. Estos cambios histológicos parecen causar los hallazgos de rigidez, estrechamiento, afinamiento y obstrucción del conducto biliar observados en la colangiografía [17] y la similitud macroscópica entre el tumor y los cambios inflamatorios peritumorales puede hacer que las biopsias preoperatoria e intraoperatoria sean un desafío diagnóstico. La extensión radial del colangiocarcinoma hiliar es también común, resultando frecuentemente en invasión de la vena porta, arterias hepáticas y parénquima hepático adyacente a la placa hiliar [13,14].

El compromiso vascular con o sin obstrucción biliar puede resultar en una atrofia segmentaria o lobar. La obstrucción biliar de larga data aislada puede causar atrofia moderada, mientas que el compromiso venoso portal concomitante usualmente ocasiona una rápida y severa atrofia de los segmentos involucrados [18]. Aproximadamente el 30% de los pacientes sometidos a exploración quirúrgica demuestran evidencia de atrofia lobar [19].

El lóbulo caudado (segmento I) está frecuentemente comprometido, ya sea por invasión directa o por extensión ductal. Los conductos biliares caudados pueden ingresar tanto al conducto hepático derecho como al izquierdo; de hecho, algunas series han identificado infiltración microscópica del tumor en el lóbulo caudado, en casi todos los pacientes con colangiocarcinoma hiliar [20]. En general, el drenaje primario del lóbulo caudado es en el conducto hepático izquierdo [21].

Además de la extensión a lo largo de los conductos biliares, el colangiocarcinoma frecuentemente metastatiza también por vía linfática. Las metástasis linfáticas son halladas en el 30% al 50% de los pacientes sometidos a resección [11,22,23]. Los ganglios linfáticos hiliares y pericoledocianos son los más frecuentemente comprometidos, seguidos por los periportales, del hepático común, pancreáticoduodenales posteriores, celíacos y pre-aórticos [22].

Evaluación preoperatoria

Diagnóstico

La mayoría de los pacientes con colangiocarcinoma hiliar se presentan clínicamente con ictericia. Sin embargo, hasta un cuarto de los pacientes con ictericia y estenosis biliar tendrán, ya sea estrecheces biliares benignas u otra neoplasia maligna que ha obstruido la confluencia hepática [24,25]. El diagnóstico diferencial de una estenosis biliar incluye las estrecheces benignas (lesión postoperatoria de la vía biliar, colangitis esclerosante primaria, colangiopatía por HIV, síndrome de Mirizzi) y otras neoplasias, tales como el cáncer de vesícula o metástasis en los ganglios linfáticos hiliares. El diagnóstico de un colangiocarcinoma hiliar puede ser un desafío, particularmente en pacientes con colangitis esclerosante primaria, en los que las lesiones tumorales son frecuentemente identificadas en imágenes, sin dilatación biliar intrahepática significativa. En el pasado, la ecografía abdominal fue a menudo el primer estudio diagnóstico para confirmar la dilatación de los conductos biliares, identificar el nivel de la obstrucción y excluir a la litiasis [26]. La ecografía dúplex ha sido también usada para evaluar la extensión del tumor dentro del conducto biliar así como el compromiso vascular [27-29].

En la era actual, el método por imágenes de primera elección en un paciente añoso con ictericia obstructiva son los estudios transversales. La tomografía computada (TC) es usada frecuentemente en primer lugar, pero puede ser inadecuada para una completa evaluación de la extensión del tumor. La colangiopancreatografía por resonancia magnética (CPRM) es una técnica no invasiva y se ha vuelto el método de elección por imágenes para el cáncer de la vía biliar. La CPRM permite la visualización tanto de los conductos biliares obstruidos como de los no obstruidos y brinda importante información, tal como la extensión del tumor dentro del árbol biliar y en el tejido periductal, el compromiso vascular y ganglionar, la atrofia lobar, la invasión del parénquima hepático adyacente y las metástasis a distancia, sin el riesgo de la intubación biliar [30-32]. Aunque no permite el diagnóstico tisular como la colangiografía percutánea, la confirmación histológica no es obligatoria antes de la exploración. Si los estudios por imágenes muestran una lesión estenótica focal de la vía biliar en ausencia de cirugía previa sobre el tracto biliar, de hace el diagnóstico presuntivo de colangiocarcinoma hiliar hasta que se pruebe lo contrario [25]. Para destacar: en los pacientes que requieren drenaje biliar preoperatorio, la colangiografía transhepática percutánea es altamente preferible a la colangiopancreatografía endoscópica retrógrada, porque permite la evaluación del árbol biliar intrahepático mucho más claramente. Es deseable obtener una CPRM antes del drenaje biliar porque la evaluación de la extensión del compromiso biliar frecuentemente es imposible una vez que el árbol biliar es colapsado e intubado.

La utilidad de la tomografía por emisión de positrones (PET por positron emisión tomography) con acumulación focal del trazador nucleótido 18-fluorodesoxiglucosa (FDG) es incierta. Anderson y col., han mostrado que la PET puede detectar colangiocarcinomas nodulares tan pequeños como de 1 cm con una sensibilidad del 85%, pero sólo del 18% para los de morfología infiltrante. La PET llevó a un cambio en el manejo quirúrgico en el 30% de los pacientes evaluados por colangiocarcinoma, debido a la detección de metástasis no sospechadas. Los resultados de la PET deben ser interpretados con precaución en pacientes con colangitis esclerosante primaria o con un stent colocado en la vía biliar, porque pueden darse falsos positivos [33].

Estadificación y evaluación de la resecabilidad

El sistema de estadificación TNM del American Joint Committee on Cancer (AJCC) es el más comúnmente empleado para estadificar el colangiocarcinoma hiliar (Tabla 1). No obstante, este sistema se basa en criterios anatomopatológicos y no brinda información sobre el potencial de resecabilidad. Por lo tanto, otros sistemas de estadificación han sido usados para predecir la resecabilidad y evaluar la extensión de la resección. La clasificación de Bismuth-Corlette estratifica a los pacientes en base a la extensión del compromiso biliar por el tumor [5]. De manera resumida: Tipo I: tumores por debajo de la confluencia de los conductos hepáticos derecho e izquierdo; Tipo II: tumores que alcanzan la confluencia; Tipo IIIa y IIIb: tumores que ocluyen el conducto hepático común y, ya sea, el conducto hepático derecho o el izquierdo, respectivamente; y Tipo IV: tumores que involucran la confluencia y ambos conductos hepáticos, derecho e izquierdo. Aunque no incorpora la extensión radial del tumor, brinda una terminología preoperatoria útil para describir la extensión de la resección hepática que será necesaria para abarcar la extensión intraductal longitudinal del colangiocarcinoma hiliar.

• TABLA 1: Sistema de estadificación TNM del American Joint Committee on Cancer (AJCC) para el cáncer de la vía biliar extrahepática

Tumor primario (T)    
T0:  sin evidencias de tumor primario    
Tis: carcinoma in situ    
T1:  tumor histológicamente confinado al conducto biliar    
T2:  tumor que invade más allá de la pared del conducto biliar    
T3:  tumor que invade el hígado, vesícula, páncreas y/o ramas ipsilaterales de la vena porta (derecha o izquierda) o de la arteria hepática (derecha o izquierda)    
T4:  tumor que invade cualquiera de los siguientes: vena porta principal o sus ramas bilateralmente, arteria hepática común u otras estructuras adyacentes, tales como el colon, estómago, duodeno o pared abdominal.
Ganglios linfáticos regionales (N)    
N0: sin metástasis en los ganglios linfáticos regionales    
N1: metástasis en los ganglios linfáticos regionales
Metástasis a distancia (M)    
M0: sin metástasis a distancia    
M1: con metástasis a distancia
Agrupamiento por estadio    
Estadio 0            Tis                        N0                         M0    
Estadio IA           T1                         N0                         M0    
Estadio IB           T2                         N0                         M0    
Estadio IIA          T3                         N0                         M0                    
Estadio IIB          T1,T2 o T3          N1                         M0    
Estadio III            T4                        Cualquier N         M0    
Estadio IV            Cualquier T       Cualquier N         M1

El sistema T de estadificación clínica preoperatoria propuesto por Jarnagin y Blumgart [11,19], define tanto la extensión longitudinal como la radial del colangiocarcinoma hiliar, que son factores críticos en la determinación de la resecabilidad. Este sistema de estadificación del z(MSKCC) incorpora 3 factores basado en los estudios por imágenes preoperatorios: 1) localización y extensión del compromiso ductal; 2) presencia o ausencia de invasión venosa portal y 3) presencia o ausencia de atrofia lobar hepática (Tabla 2).

• TABLA 2: Sistema de estadificación de Jarnagin-Blumgart

Estadio Compromiso biliar  Compromiso VPAtrofia lobar   
T1Hilio ± conductos biliares seccionales unilateralesNoNo
T2Hilio ± conductos biliares seccionales unilaterales

+ Ipsilateral
 

+ Ipsilateral
T3Hilio ± conductos biliares seccionales bilaterales

Hilio ± conductos biliares seccionales unilaterles

Hilio ± conductos biliares seccionales unilaterales

Hilio ± conductos biliares seccionales unilaterales

Si/No
 


+ Contralateral


Si/No


Bilateral


Si/No


Si/No


+ Contralateral

Si/No
 

Conductos biliares seccionales: anterior derecho, posterior derecho, mediano izquierdo, lateral izquierdo. VP: vena porta.

Los criterios para una enfermedad irresecable incluyen: tumor localmente avanzado extendiéndose a las raíces biliares secundarias (esto es, conductos biliares seccionales [derecho anterior, derecho posterior, izquierdo lateral e izquierdo medial]) bilateralmente, conductos biliares seccionales unilaterales con compromiso de las ramas venosas portales contralaterales, compromiso u oclusión de la vena porta principal proximal a su bifurcación o atrofia de un lóbulo hepático con extensión contralateral del tumor a los conductos biliares seccionales. Para señalar: el conducto hepático derecho es generalmente más corto que el izquierdo y, por lo tanto, es más probable que estén involucrados tempranamente los conductos biliares seccionales sobre la derecha cuando el tumor se origina en la confluencia biliar. Los pacientes que tienen metástasis a distancia, incluyendo las metástasis en grupos de ganglios linfáticos más allá del ligamento hepatoduodenal, también son irresecables. Con la incorporación de estos criterios de resecabilidad, el sistema de estadificación del MSKCC ha estado mostrando una buena correlación tanto con la resecabilidad quirúrgica como con la sobrevida [11].

Manejo preoperatorio

Drenaje biliar preoperatorio

La influencia del drenaje biliar preoperatorio sobre los resultados es controversial [34-36]. El drenaje biliar preoperatorio se asocia con un riesgo aumentado de colangitis, prolongación de la estadía hospitalaria y puede entorpecer la habilidad para determinar la extensión del tumor durante la cirugía. Sin embargo, la obstrucción biliar no aliviada se asocia con disfunción hepática y renal y coagulopatía [36-39]. La mayoría de los pacientes con colangiocarcinoma hiliar se beneficiarán con un drenaje biliar del hígado remanente anticipado para aumentar su capacidad de hipertrofia post-resección. Debido a las potenciales dificultades para la inserción endoscópica efectiva de un stent, y para definir óptimamente  la anatomía biliar intrahepática, el drenaje biliar es realizado frecuentemente transhepáticamente en los pacientes con colangiocarcinoma hiliar. Las complicaciones reportadas de la colocación percutánea transhepática del catéter incluyen: hemobilia, pseudoaneurisma de la arteria hepática, fístula entre arteria hepática y conducto biliar o entre arteria hepática y vena porta [40] e implante metastático en el trayecto del catéter [41,42].

Embolización de la vena porta

La resección > 80% del volumen total del hígado se asocia con complicaciones mayores y hospitalización prolongada para los pacientes con función hepática normal [43-46] y la resección > 60% del volumen total del hígado se asocia con un aumento en las complicaciones mayores, insuficiencia hepática postoperatoria y mortalidad, en los pacientes con función hepática comprometida por enfermedad hepática crónica, obstrucción biliar crónica o quimioterapia en altas dosis [47,48]. La embolización preoperatoria de la vena porta (EVP) fue descrita por primera vez en 1986 y es usada en la actualidad para aumentar el volumen y la funcionalidad del hígado remanente futuro (HRF) [49]. Esta estrategia ha sido usada previamente a la resección hepática mayor por colangiocarcinoma hiliar [44,50-53], carcinoma hepatocelular [54-57] y resección hepática por metástasis colorrectales [58-60].

Varios estudios han encontrado que la embolización de la vena porta acelera la función mitocondrial hepática e induce la proliferación de hepatocitos en los segmentos no embolizados [55,61-64]. Los beneficios potenciales de la EVP son su habilidad para inducir la hipertrofia del futuro remanente hepático, reduciendo de esta manera el riesgo de insuficiencia hepática postoperatoria y su habilidad para permitir la resección curativa para pacientes que, de otra manera, serían considerados irresecables debido a un HRF insuficiente. Ensayos prospectivos randomizados y series institucionales individuales apoyan la seguridad y eficacia de la EVP preoperatoria [12,43,53,54,65-68]. Una potencial desventaja de realizar la EVP es que, a veces, es difícil determinar preoperatoriamente si se requerirá una hepatectomía derecha o izquierda si el tumor está ubicado centralmente en el hilio. En la actualidad, no hay evidencia que apoye el uso rutinario de la EVP para el colangiocarcinoma hiliar, pero la EVP debería ser considerada para los pacientes potencialmente resecables con función hepática normal cuando se anticipa un HRF < 20% del volumen hepático total, o en pacientes con función hepática comprometida cuando se anticipa un HRF < 40% del volumen hepático total. La mayoría de los pacientes con colangiocarcinoma hiliar se presentan con ictericia y son considerados con función hepática comprometida inducida por la colestasis.

Laparoscopía de estadificación

A pesar de exhaustivos estudios por imágenes preoperatorios, una proporción significativa de pacientes presentan una enfermedad irresecable al momento de la laparotomía [11,23]. De los pacientes que son explorados con intento curativo, sólo el 40% al 50% son finalmente resecables, lo que ha motivado una evaluación del papel de la laparoscopía de estadificación para los pacientes con colangiocarcinoma hiliar. El rendimiento y la precisión de la laparoscopía para los pacientes con colangiocarcinoma hiliar está entre el 25%~42% y 42%~53%, respectivamente [69-71]. También puede usarse la ecografía laparoscópica, que ha mostrado aumentar el rendimiento en hasta un 17% [70]. Para usar esta tecnología selectivamente en pacientes con una probabilidad muy alta de albergar metástasis ocultas, el sistema de estadificación del MSKCC ha sido empleado para predecir los hallazgos de metástasis ocultas durante la laparoscopía. En pacientes con tumores T2/T3, el 36% tenían metástasis ocultas detectadas en la laparoscopía versus 9% en pacientes con tumores T1 (P = 0,02) [69], sugiriendo que la laparoscopía debería ser usada para los pacientes con tumores T2/T3.

Cirugía

Resecabilidad y tasa de resección curativa

Aunque los datos de los resultados después del tratamiento quirúrgico del colangiocarcinoma hiliar consignados en este trabajo provienen de centros terciarios de referencia, menos de la mitad de esos reportes incluyen más de 100 casos, atestiguando la rareza de la enfermedad. La tasa de resecabilidad fue altamente variable, entre el 28% y 95%, y la tasa de resección curativa entre el 14% y 95% [8-12,15,19,20,36,65,66,72-88]. Esta amplia variación de la resecabilidad es debida probablemente a los métodos heterogéneos de selección de pacientes, diferencias en las técnicas de imágenes preoperatorias y un amplio rango de datos para la inclusión en esos estudios.

Morbilidad y mortalidad

Debido a las complejas resecciones biliares y hepáticas requeridas para obtener una remoción completa, los riesgos de morbilidad y mortalidad perioperatorias son significativos. Las tasas de morbilidad y mortalidad son del 14% al 76% y del 0% al 19%, respectivamente. La morbilidad perioperatoria incluye hemorragia, fístula biliar, insuficiencia hepática y complicaciones infecciosas (colangitis, abscesos hepáticos, abscesos intraabdominales, infección de la herida y neumonía). De ellas, las complicaciones infecciosas son particularmente comunes y representan el 50% al 80% de todas las complicaciones [11,23,85,88]. Debido al significativo riesgo perioperatorio de complicaciones, la naturaleza compleja del manejo quirúrgico y la rareza de este tumor, los pacientes son mejor atendidos derivándolos a centros terciarios de referencia. La insuficiencia hepática postoperatoria y su mortalidad se han asociado con la extensión de la resección hepática [9,75]. Sin embargo, reportes recientes han sugerido un descenso en la morbilidad y mortalidad con el uso de la EVP preoperatoria, aún en hepatectomías extendidas [67]. Investigaciones adicionales pueden determinar si la mayor utilización de esta técnica puede mejorar el riesgo perioperatorio.

Resultados después de la resección

Las tasas publicadas de sobrevida a 5 años varían desde el 25% al 40% en series recientes. Se ha demostrado que muchos factores clínico-anatomopatológicos tienen un impacto positivo en el resultado a largo plazo, incluyendo el estado histológico negativo de los márgenes [8,9,11,12,15,19,65,74,76-78,81,83,86,88-94], la resección hepática concomitante [11,15,74,75], la falta de compromiso ganglionar [8,11,12,15,36,77,85,88,91,93,94], estadio TNM bajo [81], grado de tumor bien diferenciado [8,11,15,36,66,81,85,88,91], morfología papilar del tumor [15] y ausencia de invasión perineural [8,12,85,86]. De estos, la resección completa con márgenes histológicos negativos es el único factor modificable y es, por lo tanto, el objetivo primario de la terapia quirúrgica. Existe una estrecha asociación entre la resección hepática y la negatividad de los márgenes [9,11,23,82,83]. El efecto de la resección R1 versus la no resección sobre el resultado ha sido controversial en la literatura quirúrgica [12,44,81,90,95,96], con algunos estudios recientes que reportan mejoría en la sobrevida después de la resección R1 en comparación con los pacientes con enfermedad irresecable [23,79,88].

Recidiva después de la resección

La recidiva después de la resección ocurre frecuentemente, en hasta el 50% al 75% de los casos [23,36,97]. Los sitios más comunes de recurrencia después de la resección incluyen el porta hepatis, hígado y peritoneo [23,36,77,83,95,97]. El tiempo medio para la recidiva es de 12 a 43 meses [23,36,77,97]. Los factores pronósticos para la sobrevida libre de recidiva incluyen el grado histológico, estadios T y N y estado de los márgenes [23,36,95,97]. Dado que los pacientes con enfermedad recidivada no son pasibles de terapia curativa, los adelantos en la terapia adyuvante son esenciales para mejorar el resultado a largo plazo.

Resección hepática mayor

En los pasados 20 años ha habido un aumento en el uso de la resección hepática en pacientes con colangiocarcinoma hiliar. Las resecciones hepáticas mayores se ocupan tanto de la invasión hepática directa como de la extensión intraductal del colangiocarcinoma hiliar, para lograr márgenes de resección radial y longitudinal negativos. La incorporación de las resecciones hepáticas mayores como una estrategia quirúrgica fundamental para esta enfermedad, ha aumentado la proporción de resecciones R0 [9,11,23,82,83], mejorado los resultados de sobrevida libre de enfermedad y disminuido la prevalencia de las recidivas hepáticas [23]. Interesantemente, varios reportes han demostrado una sobrevida mejorada con la resección hepática mayor aún en los pacientes sometidos a resección R0 [11,23] y pobres resultados asociados con la resección aislada del conducto biliar [9,72].

No obstante, es incierto si la resección hepática mayor puede o no mejorar la sobrevida para los pacientes con colangiocarcinoma hiliar tipo I o II de la clasificación de Bismuth y Corlette. Ikeyama y col., evaluaron retrospectivamente el resultado quirúrgico de 54 pacientes con colangiocarcinoma hiliar tipo I y II de Bismuth-Corlette y demostraron beneficios en la sobrevida en la hepatectomía derecha con lobectomía del caudado para los tumores nodulares y esclerosantes, pero no para los papilares [98]. Sin embargo, otros han reportado una diferencia no significativa entre la hepatectomía y la resección aislada del conducto biliar para los tumores de tipo I y II de B-C [99]. Esto necesita una evaluación adicional con grandes estudios y un prolongado seguimiento alejado, antes de evaluar el verdadero impacto de la hepatectomía para esos tumores.

Resección del lóbulo caudado

Los conductos del lóbulo caudado se unen a los conductos hepáticos derecho e izquierdo cerca de su confluencia, aunque el drenaje primario es hacia el conducto hepático izquierdo [20,21]. Esta íntima relación anatómica explica la observación de que el lóbulo caudado está comprometido por el colangiocarcinoma hiliar en el 40% al 98% de los pacientes [20,21,100,101]. Estudios retrospectivos han mostrado una disminución en la recidiva local [102] y una mejora en la sobrevida a 5 años [36,74] cuando se efectúa la resección concomitante del lóbulo caudado. No obstante, la resección de rutina del lóbulo caudado permanece controversial. La mayoría de las instituciones realizan la resección del lóbulo caudado selectivamente, dependiendo de la ubicación del tumor.

Disección de los ganglios linfáticos

La metástasis en los ganglios linfáticos regionales es común y es un factor pronóstico importante que influye en la sobrevida después de la resección de un colangiocarcinoma hiliar  [8,23,81]. Kitagawa y col., evaluaron 110 pacientes que fueron sometidos a resección por colangiocarcinoma hiliar con disección de los ganglios linfáticos incluyendo tanto los regionales como los para-aórticos y encontraron que en el 47% no habían ganglios comprometidos, 35% tenían metástasis en los ganglios regionales y 17% tenían metástasis en los ganglios regionales y en los para-aórticos [22]. La sobrevida a 5 años fue del 30% para los pacientes con ganglios negativos, 15% para los pacientes con metástasis en los ganglios regionales y 12% para aquellos con metástasis en los ganglios regionales y para-aórticos. Otros estudios han mostrado peor sobrevida para aquellos con compromiso ganglionar más allá del ligamento hepatoduodenal, con sobrevida a 5 años del 0% al 6% [8,81,88]. Por lo tanto, la disección de rutina de los ganglios linfáticos más allá del ligamento hepatoduodenal no es recomendable. Los pacientes con ganglios linfáticos más allá del ligamento hepatoduodenal macroscópicamente comprometidos son considerados con una enfermedad irresecable.

Resección de la vena porta

La resección y reconstrucción de la vena porta ha sido realizada en el colangiocarcinoma hiliar con resultados conflictivos [9,50,89,103]. Aunque varias series retrospectivas no han mostrado diferencia en la mortalidad operatoria entre los pacientes sometidos a la resección de la vena porta y los que no lo fueron [9,50,89], el impacto de la resección de la vena porta sobre la sobrevida a largo plazo es menos claro. Neuhaus y col., propusieron la resección de la vena porta como parte de una resección “no-touch” del tumor y del tejido adyacente [9]. La resección de la vena porta fue identificada como un factor pronóstico independiente positivo en su análisis multivariado de pacientes sometidos a resecciones R0, cuando la mortalidad dentro de los primeros 60 días fue excluida. No obstante, la mortalidad global dentro de los 60 días después de la resección de la vena porta fue del 17% en comparación con el 5% de los pacientes sin resección portal y todas esas muertes ocurrieron después de resecciones no curativas. Otros estudios han mostrado sobrevida equivalente o peor en pacientes sometidos a resección en bloque de la vena porta [50,89,104]. Es probable que el papel de la resección de rutina de la vena porta (como fue preconizado por Neuhaus) no será claramente delineado a menos que un ensayo clínico randomizado pueda ser completado.

Resultados quirúrgicos con el tiempo

Muchas series han evaluado el resultado perioperatorio y la sobrevida con el tiempo. Los resultados quirúrgicos han mejorado en la década de 1990 con la mayor habilidad para realizar resecciones R0, lo que probablemente se deba al uso aumentado de la resección hepática mayor [75,80,93,105]. Estudios recientes también han demostrado una mejora en la morbilidad y mortalidad en comparación con las décadas anteriores, lo que probablemente responda a los adelantos en los cuidados globales perioperatorios.

Procedimientos paliativos

La mayoría de los pacientes con colangiocarcinoma hiliar no son candidatos para la resección. Para esos pacientes, el objetivo primario de la terapia es paliar los efectos de la obstrucción biliar tales como el prurito intratable y la colangitis. Los pacientes que reciben terapias no operatorias, tales como la quimio y la radioterapia, también requieren una función hepática óptima antes de comenzar el tratamiento y, entonces, también demandan un drenaje biliar. La paliación de la ictericia puede ser lograda mediante un bypass quirúrgico bilio-entérico o con lo colocación percutánea/endoscópica de un stent en el árbol biliar. Este último es generalmente el abordaje preferido para la paliación y se asocia con morbilidad más baja y tasas de éxito similares, en comparación con los abordajes quirúrgicos [106-110]. La descompresión biliar operatoria es realizada en los pacientes con tumores localmente avanzados que son hallados como irresecables durante la exploración y ya tienen, por lo tanto, la morbilidad potencial de la laparotomía. Las tasas de éxito de la descompresión biliar endoscópica o percutánea han sido reportadas entre el 69% y el 97% [111-113]. La intervención endoscópica para los tumores biliares proximales es generalmente desafiante, por el compromiso de múltiples conductos biliares requiriendo 2 o más stents; de hecho, las tasas de permeabilidad de los stents endobiliares son más bajas que las vistas en los tumores distales [114,115]. Por lo tanto, generalmente se prefiere el drenaje percutáneo. En ausencia de colangitis, la colocación unilateral de un stent es habitualmente suficiente para aliviar la ictericia [112,113,116]. El drenaje biliar a través de un lóbulo atrófico usualmente no alivia la ictericia y debería ser evitado, a menos que sea realizado por colangitis [96]. Para los pacientes con enfermedad irresecable, los stents metálicos son preferibles por su permeabilidad superior a largo plazo y su relativo costo-beneficio, en comparación con los stents plásticos [108,117-119].

La terapia fotodinámica (TFD), un método ablativo local que comprende la inyección intravenosa de porfirina, un fotosensibilizador, seguido por irradiación láser con una longitud de onda definida en el lecho del tumor a través de una colangioscopía, ha sido usada para el colangiocarcinoma hiliar [120]. Estudios no controlados utilizando la TFD en pacientes con cáncer irresecable de la vía biliar sugirieron una mejora en la sobrevida junto con la facilitación de la descompresión biliar [121-135]. Dos ensayos prospectivos y randomizados comparando la TFD con la colocación solamente del stent biliar en pacientes con colangiocarcinoma irresecable, sugieren una prolongación en la sobrevida después de la TFD [126,127].

Transplante de hígado

En el tratamiento del colangiocarcinoma hiliar, el transplante hepático ortotópico (THO) ofrece la ventaja de la resección de todas las estructuras que pueden estar comprometidas por el tumor, incluyendo la vena porta, los conductos hepáticos bilaterales y los lóbulos hepáticos atróficos. Entonces, la hepatectomía total puede permitir una resección R0 aún en tumores localmente muy avanzados, que están más allá de los criterios de resección. Desafortunadamente, la experiencia inicial con el THO para el colangiocarcinoma hiliar fue decepcionante [128-130]. El Cincinnati Transplant Tumor Registry reportó una sobrevida a 5  años del 28%, con una tasa de recidiva tumoral del 51% [130]. Los centros de transplante hepático españoles reportaron similares resultados, con sobrevida a 5 años del 30% y tasas de recidiva del tumor del 53%, en 36 pacientes con colangiocarcinoma hiliar irresecable no diseminado [131]. Como consecuencia de estos resultados iniciales y de la limitada disponibilidad de órganos, el colangiocarcinoma hiliar fue percibido como una contraindicación relativa para el THO.

Recientemente, el así llamado “Protocolo Mayo” ha sido desarrollado con la intención de tratar un grupo altamente seleccionado de pacientes con colangiocarcinoma hiliar, con un estricto régimen de estadificación preoperatoria y tratamiento neoadyuvante, seguido de THO [132]. Este protocolo fue desarrollado en la Clínica Mayo para tratar pacientes seleccionados con colangiocarcinoma hiliar irresecable o colangiocarcinoma hiliar originándose en el escenario de una colangitis esclerosante primaria. Los criterios de inclusión comprenden: 1) enfermedad irresecable localmente avanzada, con citología intraluminal por cepillado positiva, biopsia intraluminal positiva o CA 19-9 ³ 100 en el escenario de una estenosis maligna radiográfica; 2) colangitis esclerosante primaria con enfermedad resecable y 3) ausencia de contraindicaciones médicas para el THO. Desde el año 2003, la aneuploidía biliar demostrada por análisis digital de imagen [133] y la hibridación fluorescente in situ, han sido consideradas equivalentes a la citología [134]. Los criterios de exclusión comprenden: 1) enfermedad extrahepática, incluyendo compromiso de los ganglios linfáticos regionales; 2) infección no controlable; 3) intento previo de resección; 4) tratamiento previo con radiación o quimioterapia y 5) neoplasia maligna previa dentro de los 5 años. En este protocolo, los pacientes reciben radioterapia con irradiación externa a una dosis de 4.500 cGy con fluoruracilo (5-FU) concomitante. Después de esto, se administra braquiterapia transcatéter con Iridium-192 con una dosis de 2.000 a 3.000 cGy. Posteriormente, los pacientes reciben capecitabina oral según tolerancia hasta el transplante. Importantemente, antes del transplante los pacientes son sometidos a una laparotomía de estadificación, realizándose en ese momento una biopsia de los ganglios linfáticos perihiliares, así como de cualquier ganglio linfático o nódulo sospechoso de ser tumoral. Sólo los pacientes con operaciones de estadificación negativas continúan siendo elegibles para el transplante.

Por lo tanto, los pacientes elegibles para THO bajo este protocolo tienen tumores localmente avanzados pero no enfermedad ganglionar. Además, el prolongado curso de terapia neoadyuvante, laparotomía de estadificación y tiempo en la lista de espera para el THO, brindan una oportunidad para excluir a los pacientes que demuestran progresión de la enfermedad. Esta selección altamente rigurosa y sesgada a favor de los pacientes con enfermedad biológicamente favorable, se refleja en los resultados tempranos publicados por el grupo Mayo. En 38 pacientes que fueron sometidos a este protocolo se reportó una tasa de sobrevida a 5 años del 82% [135] (en comparación con una tasa a 5 años del 21% después de la resección, que incluyó pacientes con enfermedad ganglionar [P = 0,022]). Los pacientes que finalmente fueron sometidos a THO fueron generalmente jóvenes (edad media 48 años). El análisis anatomopatológico de las piezas de resección confirmó un estado N0 y R0 en todos los pacientes. Sin embargo, sólo el 58% de los pacientes tenían cáncer histológicamente comprobado. Los resultados posteriores de 65 pacientes bajo este protocolo mostraron una sobrevida a 1 año del 91% y del 76% a los 5 años (seguimiento promedio de 32 meses) [136]. En la actualidad, el THO no puede ser considerado como una forma de terapia estándar para el colangiocarcinoma hiliar en los pacientes con enfermedad resecable, pero ofrece una opción potencial para los pacientes con colangitis esclerosante primaria subyacente. El colangiocarcinoma que complica a la colangitis esclerosante primaria frecuentemente se descubre en un estadio avanzado, lo que impide una terapia efectiva. Rosen y col., investigaron 70 pacientes con colangitis esclerosante primaria prospectivamente, por un promedio de 30 meses, y hallaron que el colangiocarcinoma estaba presente en al menos el 7% de los pacientes y en el 42% de los pacientes autopsiados [137]. Otro reporte mostró que un 10% de pacientes con colangitis esclerosante primaria sometidos a transplante hepático tenían un colangiocarcinoma no sospechado [138]. Son necesarios estudios adicionales para definir completamente el papel del transplante ortotópico de hígado.

Conclusión

La resección quirúrgica sigue siendo el tratamiento principal del colangiocarcinoma hiliar. Los márgenes de resección negativos enriquecidos por las resecciones hepáticas mayores se asocian con resultados mejorados. El manejo pre-resección con drenaje biliar, embolización de la vena porta y laparoscopía de estadificación debería ser considerado en pacientes seleccionados. Se necesita evidencia adicional para definir completamente el papel del transplante hepático ortotópico. Son necesarios adelantos en la terapia adyuvante para mejorar los resultados a largo plazo.

♦ Comentario y resumen objetivo: Dr. Rodolfo D. Altrudi

Diagnóstico y manejo del cáncer gástrico

Autor/a: Dres. Sri G. Thrumurthy, M Asif Chaudry, Daniel Hochhauser, Muntzer Mughal BMJ 2013;347:f6367 

Mundialmente, las tasas de mortalidad estandarizadas del cáncer gástrico (CG) son 14,3/100.000 en los hombres y 6,9/100.000 en las mujeres. La incidencia muestra variaciones regionales y sexuales bien claras—las tasas son más elevadas en el este asiático, este de Europa y Sudamérica y más bajas en el norte y el sur de África. El diagnóstico precoz es muy importante por la posibilidad que tiene el CG de dar metástasis tempranas en el hígado, páncreas, epiplón, esófago, conductos biliares y ganglios linfáticos regionales y distantes. Sobre la base de la evidencia surgida de grandes estudios aleatorizados y controlados, metaanálisis, estudios de cohorte y de casos y controles, los estudios de esta revisión tienen como objetivo delinear las estrategias preventivas, destacando los cuadros de presentación del CG, y orientar a los médicos generales en el diagnóstico precoz, la derivación al especialista y el tratamiento.

¿Qué es el cáncer gástrico?

El CG se refiere a los tumores del estómago que se originan en la mucosa gástrica (adenocarcinoma), tejido conectivo de la pared gástrica (tumores del estroma gastrointestinal) o del tejido linfático (linfomas).

Esta es una revisión sobre todo del adenocarcinoma gástrico, que constituye más del 90% de los CG y macroscópicamente se presenta como polipoide, ulcerado o infiltrante difuso (linitis plástica).

¿Quiénes padecen cáncer gástrico?

Los datos epidemiológicos de la American Cancer Society indican que el CG es el cuarto cáncer más común en los hombres, después del cáncer de pulmón, próstata y colorrectal, y el quinto más común en la mujer, después del cáncer de mama, cervical, colorrectal y de pulmón. Es responsable del 8% del total de casos de cáncer y del 10% de las muertes anuales por cáncer en todo el mundo. Tiene una mortalidad significativamente superior al porcentaje de casos (70%) que los cánceres de próstata (30%) y de mama (33%). Los hombres tienen 3 veces más posibilidad de desarrollar CG que las mujeres con un pico de la incidencia entre los 60 y los 84 años. La incidencia global de CG ha disminuido significativamente a lo largo del tiempo—la incidencia estandarizada de la edad en el Reino Unido disminuyó de 44/100.000 en 1975-77 a 18/100.000 en 2006-08). En parte, esto se debe a la disminución de la infección crónica por Helicobacter pylori y al tabaquismo en el mundo desarrollado, y por otra parte, al mayor uso de la refrigeración, la disponibilidad de frutas y vegetales frescos y la disminución del consumo de alimentos salados o en conserva.

¿Cuáles son los factores de riesgo de cáncer gástrico?

Helicobacter pylori
La infección por H. pylori es considerada el factor de riesgo de CG modificable más importante. Más de 2 mil millones de personas están infectadas en todo el mundo, aunque menos de 0,5 % desarrolla adenocarcinoma gástrico. Un metaanálisis de 34 cohortes y estudios de casos y controles encontró que H. pylori conlleva un riesgo relativo de CG de 3,02 en contextos de alto riesgo (China, Japón y Corea) y 2,56 en contextos de bajo riesgo (Europa Occidental, Australia, y Estados Unidos).

Consumo de cigarrillos
Un metaanálisis de 42 cohortes, casos-cohorte y estudios de casos y controles anidados, de Asia, Europa y EE.UU. halló que los fumadores tienen un riesgo relativo de 1,53 de desarrollar CG. Los resultados de un estudio retrospectivo de cohorte, de 699 pacientes, de los cuales el 59% eran fumadores actuales o ex fumadores mostraron que el uso del tabaco se asoció con un aumento del 43% en la recurrencia de la enfermedad y muerte por CG (riesgo 1,43). Fumar también fue un factor de riesgo independiente importante para otras mediciones de la recurrencia, entre ellas la supervivencia de 5 libre de enfermedad (1,46) y la supervivencia global (1,48). En un estudio de cohorte prospectivo noruego, con 69.962 participantes, el riesgo absoluto de CG fue 0,776% para los fumadores empedernidos (≥20 cigarrillos/día), 1,511% para los fumadores de muchos años (≥30 años) y 0,658% en los que nunca fumaron.

Alcohol
Un metaanálisis de 44 estudios de cohortes, 34 de casos y controles y 557 casos de CG halló un ligero aumento del riesgo (riesgo relativo [RR]: 1,07) en las personas con consumo de alcohol de leve a moderado y un aumento más pronunciado (1,20) en los bebedores de alcohol pesados (≥4 bebidas/día) 0,14. Un estudio retrospectivo de cohorte europeo calculó que un consumo elevado de alcohol (>60 g/día) añade un RR de CG de 1,65 y un riesgo absoluto de por vida de 0,256%.

Sal y conservación de los alimentos de la dieta
Un metaanálisis de estudios de cohorte del World Cancer Research Fund halló que cada gramo de sal consumida por día aumentó el RR de CG, en un factor de 1,08. Un estudio de cohorte prospectivo japonés con 2.467 participantes comprobó una asociación independiente entre la ingesta de sal y la incidencia de CG. En comparación con las personas que consumen menos de 10 g de sal/día, aquellos que consumen más de 16 g/día tenían un RR de desarrollar CG de 2,98. Esta correlación era más estrecha en presencia de infección por H. pylori y gastritis atrófica, lo que sugiere que la lesión de la mucosa inducida por la ingesta de sal aumenta el riesgo de persistencia de infección por H. pylori.

La falta de refrigeración y el uso de conservantes de alimentos en base a la sal se han asociado con un riesgo más elevado de CG en las regiones de bajo nivel socioeconómico. Un estudio transversal o de prevalencia coreano basado en datos estadísticos nacionales halló una mortalidad por CG estandarizada por la edad 3 veces menor, entre 1983 y 2007 (46,1/1.000.000 vs. 16,9/100.000), que se correlacionó significativamente y en forma independiente con un aumento del número de refrigeradores por hogar.

Frutas y verduras de la dieta
Un estudio sueco de cohorte de 82.002 participantes y un total de 139 casos de CG ha comprobado que una ingesta de 2-4 raciones de fruta y verdura por día disminuyeron el riesgo de CG en comparación con menos de una porción por día (razón de riesgo 0,56). Esto representa una reducción del 44% en la incidencia del CG con la mayor ingesta de frutas y vegetales. Un metaanálisis de estudios de cohorte del World Cancer Research Fund  mostró que el consumo de 100 g/día de vegetales sin almidón y frutas se correlacionó con un RR de 0,81.

Anemia perniciosa
Un metaanálisis reciente de 27 estudios de cohorte y de casos y controles encontró que la anemia perniciosa se acompaña de un RR de CG de 6,8. Aunque la heterogeneidad de los estudios no fue significativa (5 %), la calidad de los estudios fue variable; antes que promover la vigilancia de estos pacientes, se requieren estudios de mayor calidad para confirmar este aumento del riesgo.

Síndromes genéticos
El CG difuso hereditario es un síndrome causado por una mutación de la línea germinal del gen CDH1, que codifica la E-caderina, una proteína de adherencia celular calcio dependiente que interviene en la interacción intercelular y la polaridad de la célula. La condición se caracteriza por el inicio temprano (<40 años) del adenocarcinoma gástrico difuso, un patrón de herencia autosómica dominante, y un riesgo más elevado de cáncer de mama lobular y cáncer de colon de células en anillo de sello.

Un análisis prospectivo de una base de datos genética demostró que esta mutación conlleva un riesgo acumulado de CG del 67% en los hombres y del 83% en las mujeres. El síndrome de Lynch, un síndrome autosómico dominante que implica un desajuste defectuoso de la reparación del ADN y un mayor riesgo de cánceres viscerales, colorrectal y otros, también se asocia con una mayor incidencia de CG. Un estudio de cohorte prospectivo holandés de 2.014 personas comprobó un riesgo mayor de por vida de CG tanto en hombres (8%) como en mujeres (5,3%), que dio lugar a la vigilancia gastroscópìca de los pacientes con este síndrome que tienen una mutación MLH1 o MSH2.

¿Cómo se presentan los pacientes con cáncer gástrico?

Dado que los pacientes frecuentemente consultan por síntomas vagos e inespecíficos, el diagnóstico de CG es difícil. Los datos del US National Cancer Institute muestran que los pacientes típicos son varones fumadores 60-84 años, que sufren los síntomas cardinales de dolor abdominal superior y pérdida el peso. Los síntomas menos comunes son náusea, disfagia  (en los tumores proximales y de la unión gastroesofágica) y melena.  Las descripciones típicas de los libros de texto como el ganglio centinela de Virchow (en la fosa supraclavicular izquierda) y el nódulo de la Hermana María José (nódulo periumbilical) rara vez se ven en atención primaria.

Un metaanálisis de 15 estudios de 57.363 pacientes encontró que los signos de "alarma" tenían una sensibilidad combinada promedio del 67%, una especificidad agrupada de 66% y un cociente de probabilidad agrupado positivo de 2,74. El estudio del National Cancer Institute indica que a pesar de que estos síntomas tienen un valor predictivo limitado, en el Reino Unido y EE. UU. su identificación  probablemente seguirá siendo parte de las estrategias para el manejo de la dispepsia, hasta contar enfoques mejores.

¿Quién debe ser derivado para proseguir las investigaciones?

La guía por consenso del Reino Unido de 2011 recomendó que los pacientes >55 años con dispepsia de reciente comienzo, y aquellos con síntomas de alarma deben someterse urgentemente (dentro de las 2 semanas) a una endoscopia gastrointestinal superior. Si se hallan signos macroscópicos de tumor (ulceración, tumores, o cambios en la mucosa), se debe hacer la derivación inmediata al especialista.

¿Cómo se diagnostica el cáncer de estómago?

Endoscopia y biopsia del tumor primario
Las guías de consenso británicas recomiendan que el diagnóstico se realice por la visualización de una tumoración en la endoscopia y la confirmación histológica, utilizando al menos 6 muestras de biopsia de dicha tumoración y del tejido adyacente. Si el resultado de la biopsia de una lesión  sospechosa es negativo, es necesario repetir la biopsia. El examen anatomopatológico puede incluir estudios inmunohistoquímicos para el HER2/neu, el cual se expresa en exceso en un subconjunto de CG, porque para estos tumores el tratamiento específico puede ser una opción.

Estadificación del CG confirmado
Los avances recientes en los estudios por imagen han permitido una estadificación más precisa de los CG, y en la actualidad, el número de pacientes con enfermedad avanzada o incurable derivados para un tratamiento agresivo es menor. Un metaanálisis de 54 estudios de 5.601 pacientes halló que la ecografía endoscópica tuvo una sensibilidad y una especificidad del 86  y 91% para los tumores en estadio T y del 69% y 84% para los tumores en estadio N, respectivamente.

Sin embargo, debido a la limitada capacidad de esta técnica para estadificar la enfermedad de la mucosa, las normas actuales del Reino Unido recomiendan su uso solo para los tumores de la unión gastroesofágica y  otros CG seleccionados.  Un metaanálisis de 33 pacientes mostró que la tomografía computarizada (TC) del abdomen detecta metástasis hepáticas con una sensibilidad del 74% (59% a 85%) y una especificidad del 99% (97% al 100%) y las metástasis peritoneales con una sensibilidad del 33% (16% a 56%) y una especificidad del 99% (98% a 100%). La TC de tórax está indicada sólo en pacientes con tumores proximales o de la unión gastroesofágica; la tomografía por emisión de positrones combinada con la TC está cada vez más disponible en los centros de enseñanza superior. Un estudio de cohorte prospectivo reciente de 113 pacientes encontró que esta técnica detecta la enfermedad metastásica con una sensibilidad del 35% (19% a 55%) y una especificidad del 99% (93% a 100%). Cuando los estudios por imagen son negativos, debe hacerse la estadificación laparoscópica, con el fin de detectar la enfermedad metastásica peritoneal y los tumores de pequeño diámetro (5 mm) que pueden pasar desapercibidos incluso con imágenes radiológicas de alta calidad. La laparoscopia también permite hacer la citología peritoneal y hacer biopsias de las lesiones sospechosas, por lo que debe ser considerada antes del instituir el tratamiento definitivo. La revisión retrospectiva de 511 pacientes encontró que la estadificación laparoscópica cambió efectivamente las decisiones terapéuticas en el 28,0% de los pacientes con CG después de la TC y de la ecografía endoscópica.

¿Cuál es el enfoque para la toma de decisión terapéutica?

La estadificación oncológica y la evaluación preoperatoria son vitales para los pacientes con CG invasivo. Los tumores que presentan invasión local (T4) y metástasis a distancia (M1), normalmente no son pasibles de tratamiento curativo. La aptitud del paciente se determina por su estado general, el edad biológica, y las comorbilidades. Se puede medir objetivamente la función pulmonar y la prueba de ejercicio cardiopulmonar. Las recomendaciones terapéuticas finales se hacen en una reunión del equipo multidisciplinario, con la participación de cirujanos experimentados, radiólogos, anatomopatólogos y oncólogos. La decisión final debe ser hecha junto con el paciente después de que el médico le explica cuidadosamente el tratamiento recomendado.

¿Cuáles son las opciones del tratamiento con intención curativa?

Resección quirúrgica
Las guías actuales del Reino Unido y estadounidenses recomiendan que todos los médicos y los pacientes aptos con enfermedad limitada regionalmente decidan la resección quirúrgica para los tumores hasta el estadio IA y la cirugía después de la terapia neoadyuvante para los tumores en estadios II-III. El grado de resección quirúrgica suele depender de la localización del tumor. Aunque la gastrectomía total se realiza rutinariamente en los tumores proximales, ensayos controlados aleatorizados multicéntricos han demostrado tasas de supervivencia similares a las obtenidas después de la gastrectomía subtotal para los tumores distales. La extensión de la disección ganglionar es un factor clave durante la cirugía. . Ensayos controlados aleatorizados recientes han defendido la linfadenectomía D2 (ganglios perigástricos y a lo largo del tronco celíaco), más que la disección D1 (solo los ganglios perigástricos), porque los resultados de la disección D2 consiguen tasas más bajas de recidiva locorregional y de muerte relacionada con el cáncer, a pesar del aumento de las tasas de morbilidad temprana y de mortalidad. Los centros con mayor volumen de casos actualmente realizan modificaciones de la resección D2 (preservación del bazo).

Ensayos aleatorizados de la gastrectomía mínimamente invasiva versus la cirugía a cielo abierto muestran que los resultados a largo plazo son similares, aunque los procedimientos laparoscópicos ofrecen un mejor control del dolor y se asocian con una reducción de la pérdida de sangre y de complicaciones postoperatorias. Un estudio prospectivo de 827 pacientes halló que la gastrectomía robótica brindó mejores resultados acorto plazo y resultados oncológicos comparables a los de la gastrectomía laparoscópica.

El CG precoz (T1a) se puede tratar mediante la resección mucosa endoscópica, si el cáncer que está confinado a la mucosa  es <2 cm de diámetro, tiene una diferenciación baja a moderada y no presenta ulceración o compromiso linfovascular.

Tratamiento neoadyuvante y adyuvante
Para tratar las micrometástasis y mejorar los resultados  se administra el tratamiento sistémico antes de la cirugía definitiva (neoadyuvante) o después de la resección (adyuvante). El importante estudio aleatorizado Medical Research Council Adyuvant Gastric Infusional Chemotherapy (MAGIC) dividió aleatoriamente a 503 pacientes con cáncer de la unión gastroesofágica o del cuerpo gástrico para ser sometidos a cirugía sola o a 3 ciclos de quimioterapia preoperatoria (epirubicina, cisplatino, 5-fluorouracilo), seguidos cuando fue posible de 3 ciclos después de la cirugía. La quimioterapia dio como resultado una  supervivencia a los 5 años significativamente mayor que la cirugía sola (6% vs. 23%), lo que indica un beneficio significativo para los pacientes con enfermedad en estadio 2 o superior, aunque la necesidad de 6 ciclos no fue resolutiva. En el Reino Unido, esto se ha convertido en el estándar terapéutico para el CG resecable. Un ensayo aleatorizado multicéntrico posterior de pacientes con enfermedad avanzada que comprobó que el oxaliplatino puede sustituir al cisplatino y que la administración oral de fluoropirimidina capecitabina puede sustituir a la inconveniente infusión de 5-fluorouracilo, ha motivado la difusión del uso de estos agentes neoadyuvantes.

La quimiorradioterapia adyuvante también mostró un beneficio en un ensayo aleatorizado de 556 pacientes con adenocarcinoma de la unión gastroesofágica resecado, que fueron asignados al azar a la cirugía más quimiorradioterapia posoperatoria (fluorouracilo/folinato cálcico durante 5 días y luego la radiación de 4.500 cGy, a razón de 180 cGy/día, 5 días por semana, durante 5 semanas) o cirugía sola. Un mes después de finalizada la radioterapia, se administraron ciclos de 2 a 5 días de fluorouracilo más folinato cálcico.

La mediana de la supervivencia del grupo de quimiorradioterapia adyuvante fue 36 meses en comparación con 27 meses del grupo de cirugía sola. El ensayo fue criticado por la mala supervivencia en la rama de cirugía sola, en la cual solo el 10% de los pacientes fue sometido a una resección D2 y más del 50 % a la resección D0.  Por otra parte, la toxicidad fue elevada, y este régimen, aunque se utiliza en EE. UU., no ha sido ampliamente adoptado en el Reino Unido.

Un metaanálisis de ensayos de quimioterapia adyuvante muestra que este tratamiento es beneficioso aunque la magnitud del efecto es pequeña y no está claro cuáles son los mejores agentes a utilizar. La quimioterapia adyuvante se asoció con un beneficio significativo en la supervivencia global (cociente de riesgo 0,82) y la supervivencia libre de enfermedad (0,82), con un aumento de la supervivencia global  a los 5 años de 49,6% a 55,3 % con la quimioterapia.

Los pacientes que sometidos a quimioterapia por CG presentan fatiga, náuseas, vómitos, alopecia, neuropatía y otros efectos secundarios específicos de los agentes utilizados. La sepsis neutropénica es potencialmente mortal y puede presentarse solo con fiebre. Su reconocimiento y manejo son cruciales en el contexto de la atención primaria.

Alarma sugestivos de cáncer gástrico

- Dispepsia de reciente comienzo (en >55  años)
- Antecedentes familiares de cáncer gastrointestinal superior
- Pérdida de peso involuntaria
- Hemorragia digestiva alta o baja
- Disfagia progresiva
- Odinofagia
- Anemia ferropénica nexplicable
- vómitos persistentes
- Tumor palpable o linfadenopatía
- ictericia

¿Dónde debe hacerse la cirugía para el cáncer gástrico?

En los últimos años, los servicios de oncología se han centralizado en unidades a alto volumen, y los estudios han mostrado mejores resultados hospitalarios cuando los centros y los cirujanos tienen experiencia en cirugía mayor del cáncer. Los datos prospectivos del programa para mejorar la calidad quirúrgica a nivel nacional del American College of Surgeons atribuyeron las tasas más bajas de mortalidad al mejor manejo que se hace de las complicaciones postoperatorias en los centros de alto volumen.

Grandes estudios prospectivos muestran que si bien la mortalidad postoperatoria y la supervivencia a medio plazo son mejores en los centros de alto volumen, la supervivencia y la recurrencia a largo plazo pueden ser independientes del volumen hospitalario.

¿En qué consiste la atención paliativa y cuáles son las consideraciones a tener en cuenta?

Casi la mitad de los pacientes con CG se presenta con un grado de enfermedad incurable y requiere tratamiento paliativo. La aplicación de los mejores cuidados paliativos tiene como objetivo evitar o aliviar los síntomas (sangrado, obstrucción, dolor, náuseas y vómitos) y mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus cuidadores. Esto debería ser un enfoque esencial del equipo multidisciplinario, teniendo en cuenta el estado funcional y la preferencia del paciente, con la participación directa del equipo de cuidados paliativos y de enfermería clínica especializada.

Tratamiento de la enfermedad avanzada

Quimioterapia y la quimiorradioterapia
 Ensayos aleatorizados han demostrado que en el CG metastásico la quimioterapia mejora más la calidad de vida que la aplicación sola de la mejor atención de apoyo. En el Reino Unido, la epirubicina, el cisplatino y el régimen de 5-fluorouracilo o variantes, incluyendo el oxaliplatino y la capecitabina, son los más ampliamente utilizados. En el estudio REAL 2, que comparó regímenes similares, la supervivencia media fue 9,03 a 11,02 meses.

Un ensayo aleatorizado coreano de pacientes después de la quimioterapia inicial mostró un pequeño beneficio en la supervivencia con el tratamiento de segunda línea con taxanos o irinotecán—5,3 meses para 33 pacientes en la rama de quimioterapia y 3,8 meses para 69 pacientes en la rama de atención de apoyo. Las decisiones terapéuticas deben estar basadas en la preferencia del paciente, su estado general y los efectos secundarios potenciales
.
Una quinta parte de los pacientes con CG tiene tumores con amplificación del HER2 (erbB2). El estudio aleatorizado ToGA (Trastuzumab with Chemoterapy in HER2 Positive Advanced Gastric Cancer) de 594 pacientes mostró que el tratamiento dirigido con trastuzumab y quimioterapia (cisplatino con capecitabina o 5-fluorouracilo) fue superior a la quimioterapia sola, con una supervivencia media de 13,8 versus 11,1 meses, respectivamente. Para los pacientes con tumores que tienen una expresión elevada de HER2, la supervivencia general media para los pacientes tratados con trastuzumab más quimioterapia fue de 16,0 meses versus 11,8 meses para los que recibieron quimioterapia sola. El estudio ToGA estableció este tratamiento estándar para los pacientes con CG avanzado y presencia de HER2.

Cirugía paliativa
La gastrectomía paliativa puede beneficiar a los pacientes con obstrucción de la salida gástrica secundaria a tumores del antro, o con disfagia total causada por tumores del cardias. La decisión de tratar paliativamente a los pacientes no debe limitar el alcance de la cirugía; un gran estudio retrospectivo ha demostrado que los procedimientos más radicales pueden mejorar la supervivencia y la calidad de vida de pacientes elegibles. Para los pacientes que no están en condiciones de someterse a un procedimiento quirúrgico de primera línea se puede realizar una gastroyeyunostomía, la que a menudo puede realizarse por vía laparoscópica; la laparoscopia permite la colocación de stents.

¿Cómo debe hacerse el seguimiento de los pacientes después tratamiento?

Después de la cirugía y durante la quimioterapia se debe controlar la función de la médula ósea mediante análisis de sangre de rutina y hacer la vigilancia nutricional (por ej., el seguimiento de la vitamina B12 después de la gastrectomía proximal o total). A pesar de la falta de evidencia aleatorizada que evalúe las estrategias de seguimiento, la mayoría de los centros especializados del Reino Unido revisan a los pacientes cada 4 meses durante 3 años, y anualmente a partir de entonces, mediante imágenes radiográficas y endoscopia. Los pacientes con enfermedad recurrente  pueden beneficiarse de la cirugía, aunque la mayoría de ellos se somete a la quimioterapia de rescate, cuando lo permite su estado general.

¿Se puede prevenir el cáncer gástrico?

Prevención primaria
Un metaanálisis de 7 ensayos aleatorizados realizados en regiones con alto riesgo de CG (6 en Asia) mostró que la erradicación de H. pylori reduce el riesgo de CG del 1,7% al 1,1% ([RR: 0,65). Un análisis de intención de tratar de un ensayo aleatorizado chino reciente de 3.365 participantes halló que un curso de 2 semanas de omeprazol y amoxicilina reduce la incidencia de CG en un 39% dentro de los 15 años de la asignación al azar, con una reducción similar pero no significativa de la mortalidad por CG. La relación costo eficacia de la vacuna contra H. pylori como profilaxis a largo plazo contra el CG en EE.UU. ha sido extrapolada por estudios de simulación, pero no existe evidencia del beneficio de la erradicación del H. pylori en regiones de bajo riesgo.

Un metaanálisis de estudios de casos y controles (14.442 casos y 73.918 controles) encontró que las personas que alguna vez habían fumado tenían un 43% más de riesgo de desarrollar CG (relación de riesgo: 1,43) que los que nunca habían fumado, mientras que los fumadores actuales tenían un 57 % más de riesgo (1,57). Esto sugiere que los esfuerzos para prevenir el consumo de cigarrillos y la ayuda a las personas para dejar de fumar reduciría la incidencia de CG.

Prevención secundaria
Un estudio abierto multicéntrico controlado aleatorizado de 544 pacientes halló que la erradicación de H. pylori (con lansoprazol, amoxicilina y claritromicina) después de la resección endoscópica del CG precoz disminuyó el riesgo de desarrollar carcinoma gástrico metacrónico (índice de riesgo 0,339 ) a los 3 años de seguimiento. Para prevenir el desarrollo de carcinoma gástrico metacrónico  se ha recomendado hacer la erradicación profiláctica de H. pylori después de la resección endoscópica del CG precoz.

¿Qué importancia tienen los estudios de detección?

El cribado del CG precoz requiere la presencia de un grupo fácilmente identificable con un riesgo absoluto elevado. Uno de esos grupos podría ser el de hombres fumadores de mediana edad con el antecedente de Infección por Helicobacter pylori u otra pre malignidad, como el esófago de Barrett. Sin embargo, el riesgo absoluto también tiene en cuenta la incidencia de cáncer. El gran número de personas potencialmente de alto riesgo y la baja incidencia del CG hacen imposible aplicar los programas de detección en todas las regiones, por lo que se aplican en las que tienen una incidencia de CG elevada (como Japón y Chile). En estas regiones se están evaluando técnicas de detección serológica como la detección de anticuerpos contra pepsinógenos, gastrina-17 y anti-H. pylori (o anti-Cag-A, o ambos), además de la fotofluorografía y la endoscopia.

Recientemente, un importante ensayo multicéntrico también ha evaluado el test del aliento basado en nanomateriales, y comprobó que esta prueba tiene una sensibilidad del 89% y una especificidad del 90% para distinguir el CG de la enfermedad gástrica benigna.

¿Está mejorando el pronóstico de los pacientes con cáncer gástrico?

Un estudio coreano de un solo centro realizado en 12.026 pacientes con CG encontró que la tasa de supervivencia global a los 5 años aumentó del 64,0% al 73,2% entre 1986 y 2006. Un gran estudio europeo de 10 registros de cáncer de 7 países mostró mejoras similares, pero también detectó una variación notable en las tasas de supervivencia (28,0 a 44,3%) entre ciertos países, que no podría ser explicada solo por la mortalidad operatoria. Tales mejoras en el pronóstico se atribuyen a un mayor acceso a la atención; al perfeccionamiento de las técnicas de diagnóstico para la detección precoz; las estrategias quirúrgicas más racionales; las tasas de complicación más bajas; los avances en la anestesia, los cuidados perioperatorios y nutricionales, y el mayor uso de la quimioterapia sistémica. Estos factores también pueden explicar en parte las discrepancias en las tasas de supervivencia postoperatoria en todo el mundo, si bien se carece de datos cuantitativos.

¿Qué estrategias de tratamiento se esperan en el futuro?

Para el tratamiento del CG se están investigando nuevos agentes biológicos dirigidos. Un ensayo aleatorizado está estudiando el papel de los agentes antiangiogénicos como el bevacizumab (un anticuerpo monoclonal dirigido contra el factor de crecimiento del endotelio vascular) combinado con quimioterapia. Hasta el momento, las moléculas pequeñas o los anticuerpos dirigidos no han mostrado beneficios en el manejo del CG, pero, sin duda, la mayor comprensión de la base molecular subyacente dará lugar a otras estrategias para futuros tratamientos.

Consejos para no especialistas

• Los síntomas cardinales del CG son: dolor en el abdomen superior, pérdida de peso, disfagia.
• Cualquier combinación de estos síntomas, en presencia de factores de riesgo, es indicación urgente de una endoscopia.
• Derivar al especialista en CG los pacientes con síntomas típicos y endoscopia sospechosa.
• Muchos pacientes con CG avanzado requieren un tratamiento paliativo inicial a realizarse en el hospital y la atención de sostén posterior

♦ Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti