martes, 13 de agosto de 2024

Cáncer de cuello y uso de anticonceptivos orales

 Autor/a: Dres. Smith JS, Green J, Berrington de Gonzalez A, Appleby P Lancet. 2003 Apr 5;361(9364):1159-67.

Desarrollo

El cáncer de cuello uterino es la segunda causa de cáncer en mujeres en países subdesarrollados. La infección persistente de las células epiteliales con algunos tipos de papiloma virus humano (HPV) de alto riesgo es la causa principal del desarrollo del cáncer cervical. Estos tipos de HPV son de transmisión sexual y una alta proporción de mujeres sexualmente activas se infectan por uno de estos virus en algún momento de sus vidas. Si estas mujeres van a desarrollar o no un cáncer cervical va a depender de varios factores, incluyendo el uso de los anticonceptivos hormonales. Algunos trabajos recientes sugieren que hay un riesgo aumentado de desarrollar un cáncer cervical en las mujeres con ADN positivo para HPV en los casos de haber utilizado anticonceptivos hormonales por más de cinco años. Se presenta una revisión de los datos publicados al respecto hasta la fecha a cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Material y métodos

Los estudios epidemiológicos fueron identificados a través de una búsqueda en el Medline desde enero de 1966 hasta julio del 2002 y por referencias citadas en los trabajos encontrados. La búsqueda se limitó a estudios en humanos donde se establecía el tiempo de uso de los anticonceptivos hormonales. Luego se los agrupó de acuerdo al tiempo de uso de los anticonceptivos hormonales: aquellas que nunca utilizaron; las de corta duración (< 5 años de uso), de duración media (generalmente 5-9 años de uso) y de larga duración (= 10 años de uso).

Resultados

Se analizaron un total de 28 trabajos (cuatro de cohorte y 24 casos-control) que incluyeron un total de 12.531 mujeres con carcinoma cervical in situ o invasor. La mitad de los trabajos se realizaron en países en vías de desarrollo. Entre los controles, el 19-92% nunca habían utilizado anticonceptivos hormonales en los países en vías de desarrollo y el 25-65% en los países desarrollados y utilizaron anticonceptivos hormonales por más de 5 años entre el 18% y el 62% en los países en vías de desarrollo y entre el 8% al 20% en países desarrollados.

Se realizaron dos trabajos en mujeres con HPV únicamente. Algunos trabajos fueron de pacientes con carcinoma cervical in situ e invasor y otros fueron de pacientes con uno de estos tumores. Cuando se combinaron los trabajos, el riesgo relativo de cáncer cervical fue mayor, a mayor tiempo de utilización de los anticonceptivos hormonales. El riesgo relativo para cáncer cervical asociado con la duración de los anticonceptivos hormonales por menos de cinco años, de 5-9 años y por 10 años o más fue de: 1,1 (IC 95% 1,1-1,2), 1,6 (1,4-1,7) y 2,2 (1,9-2,4) respectivamente. En cada categoría de duración de los anticonceptivos hormonales el riesgo relativo fue mayor en los trabajos de cohorte que en los casos y controles (test para heterogeneidad, p<0-01 en cada categoría).

Se encontraron veinte trabajos que presentaron los datos sobre el riesgo de desarrollar un cáncer cervical en relación al tiempo desde el cese de la utilización de los anticonceptivos hormonales. El riesgo relativo disminuyó a mayor tiempo desde la última vez de uso. Sin embargo, las mujeres que utilizan anticonceptivos hormonales por un largo período tienden a ser usuarias actuales o recientes. Once de estos trabajos que incluyen 6606 casos (53% del total) presentaron datos sobre el tiempo desde la última vez del consumo de acuerdo a la duración. El riesgo relativo para cáncer cervical asociado con el uso hace más de 8 años fue menor que para aquellas que interrumpieron hace menos de ocho años. En mujeres que utilizaron los anticonceptivos hormonales por más de 5 años, el riesgo relativo fue de 2.1 (1.8-2.4) para las usuarias actuales o para aquellas que suspendieron hace menos de 8 años y de 1,4 (1,1-1,9) para aquellas que suspendieron hace más de 8 años.
Tres trabajos casos-control presentaron los resultados con el uso de anticonceptivos inyectables pero ningún trabajo presentó resultados de la duración del tratamiento con el uso de progestágenos solos por vía oral. La utilización de anticonceptivos inyectables por más de 5 años se asoció con un ligero aumento en el riesgo de desarrollar un cáncer cervical (riesgo relativo 1.2; 1-1,6).

Asociación con el HPV


Los 12 trabajos que incluyeron 3000 casos (24% del total) con HPV tuvieron un riesgo relativo para las usuarias de anticonceptivos hormonales de corta, mediana y larga duración de 0,9 (0,7-1,2), 1,3 (1-1.9) y 2-5 (1.6-3.9) respectivamente. Once de los trabajos utilizaron PCR muy sensible para detectar ADN de HPV cervical. Un estudio utilizó serología para HPV que tiene menos sensibilidad que el PCR.

A pesar de que algunos estudios reportaron los resultados restringido a mujeres sin HPV, estos resultados son difíciles de interpretar porque, si el HPV es la causa más importante de cáncer cervical, las mujeres con cáncer cervical sin HPV pueden haber sido falsos negativos. De la misma manera, los resultados de estudios ajustados para HPV son difíciles de interpretar.

El riesgo relativo de desarrollar un cáncer cervical aumenta a mayor duración en el uso de anticonceptivos orales. Una posible excepción serían las mujeres sin HPV en las que el efecto pareciera ser menor.

Posibles factores de sesgo: Se ajustaron los resultados teniendo en cuenta los factores confundidores como el número de parejas sexuales, el screening cervical previo, el cigarrillo y la utilización de un método anticonceptivo de barrera y se combinaron los trabajos publicados que se ajustaron para cada uno de estos factores. Los resultados son muy similares a los obtenidos al utilizar otro enfoque.

Menos de la mitad de los trabajos agruparon a las pacientes de acuerdo a la presencia de carcinoma cervical invasor, carcinoma cervical in-situ, carcinoma cervical escamoso, adenocarcinoma o carcinoma adenoescamoso. Para cada tipo de cáncer cervical el riesgo relativo de desarrollar un cáncer cervical aumentó a mayor duración en el uso de anticonceptivos orales. Los resultados fueron similares en los trabajos que se realizaron en países en vías de desarrollo y aquellos realizados en países desarrollados.

Los resultados totales muestran que el riesgo relativo de desarrollar un cáncer cervical aumenta a medida que aumenta el tiempo de utilización de los anticonceptivos orales. Los datos incluyen varios trabajos por lo que lo ideal sería analizar cada trabajo por separado.

Discusión

Los resultados de esta revisión muestran claramente que el riesgo relativo de desarrollar un cáncer cervical aumenta a medida que aumenta el tiempo de utilización de los anticonceptivos orales. Esta tendencia se mantiene en todas las maneras en que se analizaron los datos. Cuando se combinaron los datos de todos los trabajos, los resultados fueron similares para todas las mujeres, para las mujeres HPV positivas, para los trabajos que ajustaron por la presencia o ausencia de HPV, por el número de parejas sexuales, por antecedentes de screening cervical previo, por el cigarrillo y por el uso de un método anticonceptivo de barrera y para carcinoma in-situ, invasor, escamoso y adenocarcinoma. El tipo de diseño, el método de análisis y el diagnóstico del HPV difirió en los distintos trabajos por lo que hay que ser cautos a la hora de compararlos. La mayor variación se encontró entre los trabajos de cohorte y caso-control. A pesar de no contar con muchos trabajos sobre anticonceptivos inyectables, éstos sugieren un leve aumento en el riesgo de desarrollar un cáncer cervical asociado a su uso por más de cinco años.

Dado que la persistencia de la infección cervical por HPV es la causa más importante para el desarrollo del cáncer cervical, se plantea el interrogante de si la infección por HPV representa un sesgo. Una forma de eliminar este sesgo es acotar el análisis a las mujeres con HPV pero al hacerlo los resultados son similares a los obtenidos sin esta restricción. Los resultados relacionados al uso de anticonceptivos orales también son similares en estudios que se ajustaron de acuerdo a la presencia o ausencia de infección por HPV. Sin embargo, en las mujeres sin HPV el aumento en el riesgo de desarrollar un cáncer cervical a medida que aumenta el tiempo de utilización de anticonceptivos orales fue menos marcado que en las mujeres con HPV.

En todos los trabajos se realizó el test para HPV una única vez. Dado que la mayoría de las infecciones por HPV en las mujeres que no desarrollan un cáncer cervical son transitorias, los controles que fueron positivos para el ADN de HPV probablemente eran transitorios y los casos probablemente eran infecciones persistentes de HPV. Por lo tanto, un único test para HPV podría ser un sesgo. Tampoco sabemos si el HPV pudo estar presente pero indetectable o si los anticonceptivos hormonales afectan la detección del HPV.

El screening cervical es un importante factor de confusión en los estudios sobre cáncer cervical y anticonceptivos hormonales. Las mujeres que utilizan anticonceptivos hormonales suelen hacerse un examen ginecológico más seguido lo que permite detectar lesiones en estadios más precoces. Sin embargo, éste no fue un factor de confusión en estos trabajos. El riesgo de desarrollar un cáncer cervical al ajustarlo de acuerdo al screening previo fue similar al riesgo de todos los estudios. En los trabajos realizados en países subdesarrollados donde las mujeres no tenían screening previo, los resultados no difirieron con los resultados de los trabajos de países desarrollados. De la misma manera, no hubo evidencias de sesgos en lo que respecta al número de parejas sexuales, el antecedente del cigarrillo o el uso de un método anticonceptivo de barrera. Sin embargo, ninguno de los trabajos realizó el ajuste para todos los factores en forma simultánea.
No queda del todo claro si el riesgo de desarrollar un cáncer cervical persiste una vez suspendido el uso de anticonceptivos hormonales. Todavía quedan muchos aspectos por dilucidar en cuanto al riesgo del cáncer cervical y el uso de anticonceptivos hormonales.

Este trabajo recibió financiación del departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra y de la Agencia Internacional par la Investigación del Cáncer y la Investigación del Cáncer en Inglaterra.

Linfadenectomía pélvica sistemática en el cáncer de endometrio

 No presenta evidencias claras de beneficio alguno y por el contrario aumenta la tasa de linfoedema.

Autor/a: Dres. Kitchener H, Blake P, Sandercock J, et al. The Lancet 2009;373:125-136

Introducción

El cáncer de endometrio es la neoplasia ginecológica más frecuente en el mundo occidental y más del 90% de los casos ocurren en mujeres mayores de 50 años de edad, con un promedio de edad de 63 años. Globalmente, el 75% de las mujeres sobreviven a los 5 años y esta alta tasa de supervivencia se debería al diagnóstico precoz por hemorragia posmenopáusica.

La cirugía estándar consiste en histerectomía y salpingooforectomía bilateral (SOB).

Los tumores de endometrio se gradúan en 1, 2 y 3 según que sean muy, moderadamente y pobremente diferenciados, respectivamente. La infiltración del cáncer de endometrio se realiza hacia el miometrio y se extiende al cuello, haciendo metástasis en los ganglios de la pelvis y menos frecuentemente en los para-aórticos. Dentro del estadio I, entre el 3 y el 5% de las mujeres con tumores bien diferenciados e invasión superficial del miometrio tendrán invasión de los nódulos linfáticos.

En Europa, el enfoque tradicional en las mujeres con estadio I de la enfermedad, consiste en cirugía con radioterapia complementaria en las mujeres cuyas características patológicas sugieren un aumento del riesgo de metástasis ganglionares. El tipo de tumor, el grado y la profundidad de la invasión del miometrio son factores pronósticos claves para recidiva. Un extenso metanálisis y un estudio aleatorio mostraron que la radioterapia complementaria no modifica en forma sustancial la supervivencia.

Desde 1988, la International Federation of Gynaecology and Obstetrics (FIGO) recomienda realizar en forma sistemática la linfadenectomía pélvica y para-aórtica, pero no existen evidencias sólidas sobre el beneficio de la linfadenectomía en términos de supervivencia.

El estudio ASTEC (A Study in the Treatment of Endometrial Cancer) se designó para determinar el beneficio terapéutico de la linfadenectomía en el cáncer de endometrio, independientemente del efecto de la radioterapia complementaria.

Métodos

Se efectuó un estudio aleatorio controlado entre julio de 1998 y marzo de 2005 en 85 centros de 4 países (Reino Unido, Sud África, Polonia y Nueva Zelanda). Participaron mujeres con carcinoma de endometrio demostrado histológicamente que en el preoperatorio se consideró que estaba confinado al cuerpo del útero y que podían ser sometidas a linfadenectomía sistemática y radioterapia.

Las mujeres fueron divididas en forma aleatoria para cirugía estándar o cirugía estándar más linfadenectomía. Las mujeres de la rama cirugía estándar recibieron histerectomía y SOB, lavados peritoneales y palpación de los ganglios para-aórticos. Se tomaron muestras de los ganglios considerados sospechosos.

Las mujeres de la rama cirugía estándar más linfadenectomía recibieron cirugía estándar más disección sistemática de los ganglios ilíacos y obturadores. Si por motivos técnicos los ganglios no se podían disecar, se tomaron muestras de los mismos. Se contempló tanto la cirugía abierta como la laparoscópica.

Las mujeres se clasificaron en 3 categorías: bajo riesgo, estado precoz de la enfermedad (FIGO IA o IB y grado bajo de patología [G1, G2]), riesgo intermedio, alto riesgo (FIGO IA o IB con alto grado de patología [G3]) y enfermedad avanzada (extendida más allá del cuerpo uterino, FIGO estadio IIB, IIIA, IIIB y IV). Se efectuaron divisiones aleatorias secundarias según que las mujeres hayan recibido o no radioterapia.

Las pacientes recibieron controles periódicos durante todo el seguimiento cuyo promedio fue de 37 meses.

El criterio de valoración principal fue la supervivencia global, los criterios de valoración secundaria fueron la supervivencia libre de recidivas, los efectos adversos del tratamiento y la supervivencia relacionada específicamente con la enfermedad (momento desde el inicio hasta la muerte por cáncer de endometrio o por el tratamiento).
 
Las muertes que ocurrieron dentro de los 30 días se clasificaron como muertes relacionadas con el tratamiento, independientemente de la causa.

Resultados

Participaron 1408 mujeres, 704 en la rama de cirugía estándar y 704 en la rama cirugía estándar más linfadenectomía. Las características basales de ambos grupos fueron similares. En el grupo cirugía estándar más linfadenectomía el pronóstico fue levemente peor de acuerdo a la histología. En ambas ramas, casi todas las mujeres recibieron histerectomía total más SOB. En la rama linfadenectomía al 8% de las mujeres no se les extirparon los ganglios por razones técnicas. En la rama cirugía estándar más linfadenectomía, al 12% de las mujeres se le extirparon entre1 y 4 ganglios y a 65% de las mujeres se les extirparon 10 o más ganglios. En la rama cirugía estándar, por decisión del cirujano durante el procedimiento se le extirparon ganglios al 5% de las mujeres. En las 3 categorías de riesgo se extirparon cantidades similares de ganglios, pero la presencia de metástasis en la categoría de riesgo bajo fue del 4%, en la categoría de riesgo intermedio fue del 9% y en la categoría de riesgo alto fue del 24%.

El tratamiento posoperatorio fue similar en ambos grupos. En ambas ramas, la misma proporción de mujeres recibieron radioterapia postoperatoria. Otras observaciones entre ambas ramas fueron:

  • El promedio del tiempo quirúrgico fue de 60 minutos en la rama cirugía estándar y de 90 minutos en la rama cirugía estándar más linfadenectomía.
  • La necesidad de unidades de sangre transfundidas y de complicaciones posoperatorias fue discretamente superior en el grupo cirugía estándar más linfadenectomía comparado con el grupo cirugía estándar.
  • Al término del seguimiento 191 (14%) de las mujeres fallecieron. Un tercio de las muertes no se relacionaron con el tratamiento ni con la enfermedad.
  • No hubo diferencias en las curvas de supervivencia entre ambas ramas.
  • Un análisis de las muertes relacionadas con el tratamiento o con la enfermedad mostró un coeficiente de riesgo (HR) favorable al tratamiento de cirugía estándar.
  • 173 (12%) mujeres tuvieron recidivas del cáncer (75 rama cirugía estándar, 98 rama cirugía estándar más linfadenectomía),
  • Las curvas de Kaplan-Meier de supervivencia libre de recidivas mostró un beneficio significativo para el grupo cirugía estándar.

Discusión

Este estudio aleatorio no mostró que la cirugía estándar más linfadenectomía sistemática en el tratamiento del cáncer de endometrio sea superior a la cirugía estándar en términos de supervivencia global y de supervivencia libre de recidivas. Este estudio es uno de los más grandes publicados sobre cáncer ginecológico. Un estudio previo de menor envergadura ya había demostrado que la cirugía estándar más linfadenectomía no produjo beneficio en la supervivencia del cáncer de endometrio.

Este estudio además, equilibró en forma pareja el número de pacientes que recibieron radioterapia posoperatoria, aunque fue levemente superior en la rama cirugía estándar más linfadenectomía debido a que esta técnica pudo disponer del examen histológico de los ganglios.

La morbilidad fue globalmente baja, pero la incidencia de linfoedema fue sustancialmente superior en la rama cirugía estándar más linfadenectomía comparada con la rama de cirugía estándar.

El estudio ASTEC tiene implicaciones importantes siendo la más notoria que la cirugía estándar más linfadenectomía sistemática no presenta evidencias claras de beneficio alguno sobre la cirugía estándar sola y por el contrario aumenta la tasa de linfoedema. Por lo tanto no se justifica esta técnica en el tratamiento del cáncer de endometrio, al menos en el estadio 1.


♦ Comentario y resumen objetivo: Dr. Ricardo Ferreira

Cáncer de ovario

 Autor/a: Sudha Sundar, Richard D Neal, Sean Kehoe Diagnosis of ovarian cancer. BMJ 2015;351:h4443

Introducción

El cáncer de ovario es el séptimo cáncer más común en las mujeres de todo el mundo, con 239.000 casos nuevos diagnosticados en 2012. Al igual que muchos otros tipos de cáncer, la incidencia y la mortalidad tienen una gran variación geográfica. La incidencia es mayor en las regiones del mundo económicamente desarrolladlas.

La incidencia mundial es mayor en las mujeres de 50 a 70 años; el 75% de los casos diagnosticados ocurre en mujeres >55 años. En el 80% de las mujeres, la enfermedad ya está avanzada en el momento de la presentación, con una baja tasa de supervivencia a los 5 años, que en el Reino Unido es del 46%, lo que en este caso ha sido atribuido, al menos en parte, al retardo diagnóstico.

¿Cuáles son los tipos de cáncer de ovario y por qué tiene importancia diferenciarlos?

El cáncer de ovario comprende un conjunto de cánceres de tipos histológicos diversos. La mayoría es de origen epitelial, el 70-80% de los casos son carcinomas serosos de alto grado mientras que los tipos más raros son el cáncer de células claras (3%), el cáncer endometrioide (<5%) y el cáncer mucinoso (<3%). Los tipos histológicos de cánceres no epiteliales son los tumores de células germinales, más raros, y los tumores del estroma.

Las diferencias histológicas están relacionadas con las diferentes características moleculares y el comportamiento clínico. Actualmente, según los patrones clínicos o moleculares e histológicos, el cáncer de ovario puede dividirse en 2 tipos: cánceres de tipo 1─de células claras, mucinoso, endometrioide y, y seroso de bajo grado histología─y, cánceres de tipo 2─ serosos de alto grado.

Los cánceres de tipo 1 pueden ser más difíciles de tratar, ya que son menos sensibles a la quimioterapia.

Los cánceres de tipo 1 tienden a tener un crecimiento lento, indolente y tienen más probabilidades de ser detectados antes por la ecografía, mientras que los cánceres de tipo 2 suelen ser de crecimiento rápido y de pronta propagación. Paradójicamente, los cánceres de tipo 1 pueden ser más difíciles de tratar, ya que son menos sensibles a la quimioterapia.

En los últimos años se ha comprobado que el cáncer anteriormente denominado "de ovario", en realidad se trata de un cáncer del extremo distal de la trompa de Falopio, que aparentemente es el principal sitio de origen de muchos cánceres serosos de alto grado, lo que tiene implicancias en las estrategias de detección y prevención.

 


¿Qué factores de riesgo están asociados al cáncer de ovario?

Factores de riesgo epidemiológicos

Los estudios epidemiológicos muestran que el número de ciclos ovulatorios que una mujer tiene en toda su vida es proporcional a su riesgo de desarrollar cáncer de ovario, ya que un número reducido de ciclos ovulatorios, como el embarazo o el uso de anticonceptivos orales, tiene un efecto protector. Por el contrario, la nuliparidad, el antecedente de cáncer de mama y una historia familiar de cáncer de mama y de ovario son reconocidos factores de riesgo. Los informes recientes muestran un pequeño aumento del riesgo relacionado con la terapia de reemplazo hormonal. El cáncer de ovario también es mucho más común en la posmenopausia.


Un número reducido de ciclos ovulatorios, como el embarazo o el uso de anticonceptivos orales, tiene un efecto protector.



Factores de riesgo genéticos

Los estudios de grandes cohortes muestran que aproximadamente el 20% de las mujeres porta una mutación genética heredada que les confiere un gran riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Hacia los 70 años, el riesgo de por vida de cáncer de ovario y cáncer de mama en las mujeres con una mutación BRCA1 es 63% y 85%, respectivamente, y en las mujeres con una mutación BRCA2 es 27% y 84%, respectivamente. Tanto las mujeres con una pesada carga familiar de cáncer de mama y de ovario, o que tienen una historia conocida de una mutación BRCA deben ser consideradas con mayor riesgo de cáncer de ovario.

La comunidad judía, en especial la población Ashkenazi, tiene una alta tasa de mutaciones BRCA y debe ser considerada en mayor riesgo para el desarrollar cáncer de mama y ovario. Dos grandes estudios prospectivos de comunidades judías de Israel y Londres, independientemente de los antecedentes familiares, mostraron que con 3 mutaciones fundadoras en los genes BRCA, 1 de cada 3 mujeres con mutaciones BRCA no tenía antecedentes familiares de cáncer. Una importante serie de casos y controles demostró que las mujeres con mutaciones BRCA tienden a tener tumores que son sensibles a al platino y tienen metástasis viscerales, con una supervivencia de 10 años, similar a la de las cohortes sin mutaciones BRCA.

Las tasas de supervivencia global combinada a los 10 años fueron 30% para los no portadores de mutaciones BRCA, 25% para las portadoras de BRCA1 y 35% para los cánceres BRCA2.

¿Cómo se presentan las mujeres con cáncer de ovario?

Estudios retrospectivos de casos y controles recientes hallaron que en general, las mujeres tienen varios síntomas inespecíficos persistentes o de presentación frecuente que incluyen distensión o “hinchazón” abdominal, sensación de plenitud gástrica o anorexia, dolor pélvico o abdominal, aumento de la urgencia urinaria o polaquiuria, pérdida de peso inexplicable, fatiga o cambios en el hábito intestinal.

 Estos síntomas son comunes; el registro de los datos del interrogatorio de la práctica general muestra que en promedio, 2 mujeres de 45 a 70 años consultan a su médico de cabecera anualmente por estos síntomas. Esto representa un dilema diagnóstico, dada la baja incidencia de cáncer de ovario (en promedio, un médico general del Reino Unido ve a 1 mujer con cáncer de ovario, 1 vez cada 3-5 años), el bajo valor predictivo positivo de los síntomas y la falta de procesos diagnósticos claros.

Un gran estudio de las experiencias de las pacientes del Reino Unido halló que previo al diagnóstico, el 36% de las mujeres que después recibieron el diagnóstico de cáncer de ovario había consultado a su médico de cabecera por los síntomas ≥3 veces. En el Reino Unido, lapso promedio desde los primeros síntomas hasta la primera consulta es de 39 días y desde la primera consulta hasta el diagnóstico es de 21 días. De hecho, el cáncer de ovario es uno de los diversos tipos de cáncer clasificados como "más difícil de sospechar."

El análisis de los datos nacionales agrupados del procedimiento diagnóstico muestra que en casi un tercio de las mujeres con cáncer de ovario del Reino Unido un recibe, el diagnóstico se hace en el departamentos de emergencia y en otro tercio en el departamento de atención especializada.

Las mujeres que consultan en los servicios de emergencia suelen tener ascitis, derrame pleural, obstrucción intestinal e hipoalbuminemia, con efectos negativos en las opciones terapéuticas  y la supervivencia. Las mujeres que consultan por un cuadro de emergencia tienen menos supervivencia que las mujeres diagnosticadas de forma electiva a través de un acceso rápido a la atención clínica.

 


¿Cuándo se debe sospechar el cáncer de ovario en atención primaria?

Las guías del National Institute for Health and Care Excelly (NICE) del Reino Unido y el National Comprehensive Cancer Network con sede en EE.UU. recomiendan estudiar activamente los síntomas para detectar el cáncer de ovario. Las mujeres con síntomas persistentes de distensión abdominal o "hinchazón", saciedad precoz, anorexia, dolor pélvico o abdominal, aumento de la urgencia urinaria o polaquiuria, pérdida de peso inexplicable, fatiga o cambios en el hábito intestinal deben ser estudiadas en el ámbito de la atención primaria y derivadas con urgencia a la atención secundaria, con el objetivo de hacer un diagnóstico y tratamiento rápidos y así mejorar la supervivencia.

NICE recomienda la prueba secuencial de CA125 en suero, y si su nivel es ≥35 UI/L, hacer una ecografía abdominopélvica. Las mujeres con hallazgos clínicos de ascitis y un tumor pélvico o abdominal deben ser derivadas con urgencia. Estas recomendaciones se basan en la evidencia de estudios de casos y controles pero desde entonces, dos grandes estudios prospectivos bien realizados, de más de 6.500 mujeres, mostraron que la determinación del nivel de CA125 y la ecografía solicitadas por la presencia de síntomas no modificaron el estadio del cáncer de ovario, pero puede dar lugar a que más pacientes sean sometidas a la extirpación quirúrgica completa del tumor, lo que indica que las mujeres cuyos estudios fueron motivados por la presencia de síntomas tienen menor carga tumoral. En la actualidad se desconoce el impacto en la mortalidad de aplicar la estrategia de solicitar estudios por la presencia de síntomas.

La implementación de los estudios diagnósticos desencadenada por la presencia de síntomas es un reto en la práctica clínica. Una encuesta realizada a médicos generales halló que la mayoría de ellos derivaría al especialista a las pacientes que tienen niveles elevados de CA125, incluso si la ecografía fuera normal. Recientemente una auditoría demostró que la atención en clínicas de acceso rápido ha mejorado la detección del cáncer pero sin impacto sobre el estadio del mismo.

Esta auditoría también informó que la mayoría de las derivaciones no fueron motivadas por la recomendación de hacer pruebas secuenciales ante la sospecha de cáncer de ovario (90%), la mayoría de las pacientes derivadas tenía síntomas heterogéneos y casi todas ellas se hicieron según el criterio que el médico tenía del aumento de los niveles de CA125 o los hallazgos anormales en la ecografía. Por otra parte, la mayoría de las mujeres derivadas (66%) eran premenopáusicas, un grupo con riesgo bajo de cáncer de ovario. La guía de NICE no establece ningún límite de edad, pero hace hincapié en que el grupo de alto riesgo es el de las mujeres >50 años.

¿Son confiables el análisis del CA125 y la ecografía?

Análisis del CA125


El CA125 es un marcador inespecífico cuyos niveles pueden aumentar en varias condiciones, muchas de ellas benignas, como la endometriosis y la menstruación. Este concepto debe ser comunicado a las mujeres a las que se les solicita al igual que el hecho de que el desarrollo de un quiste ovárico es un prerrequisito fisiológico para la ovulación. Un factor complicante adicional es que el nivel de CA125 solo aumentó el 50% en la etapa 1 del cáncer.

Ecografía

Actualmente no hay un puntaje acordado universalmente para clasificar a las mujeres con sospecha de tumores anexiales benignos o malignos detectados mediante la ecografía en atención primaria. En EE. UU., esto puede dificultar a la interpretación de los informes ecográficos de los médicos generales, especialmente porque la guía de NICE no contiene recomendaciones sobre lo que constituye la anormalidad en los hallazgos ecográficos.

Los tumores ováricos multiloculares, bilaterales, sólidos o asociados a ascitis y metástasis son extremadamente sospechosos y son indicación de una pronta derivación. Los datos del UK Collaborative Trial of Ovarian Cancer Screening en atención primaria y de otros estudios prospectivos importantes en el contexto de la atención secundaria muestran que el hallazgo de quistes simples o uniloculares (es decir, quistes de contenido líquido) y un tamaño <5 cm en la ecografía es tranquilizador y se asocia con un riesgo de malignidad <1%.

Grandes estudios prospectivos del consorcio International Ovarian Tumour Analysis indican que la utilización de de la regla "m" (maligno) y "b" (benigno) para identificar los tumores sospechosos puede ser muy precisa. Utilizando estas normas, la sensibilidad fue del 95% y la especificidad del 91%, con un cociente de probabilidad positivo de 10,37 y un cociente de verosimilitud negativo de 0,06.

La exactitud de estas normas ha sido demostrada en atención secundaria, sobre todo por especialistas en ecografía. Trasladando esto a un establecimiento de atención primaria se puede tener un impacto positivo, pero posiblemente sea difícil de alcanzar debido a la variación en los servicios y los ecografistas como así en la calidad del seguro de salud del paciente.

¿Cómo se puede detectar el cáncer de ovario en las mujeres premenopáusicas?

Aunque es de rara presentación, un grupo importante de mujeres <25 años con un tumor pélvico puede haber desarrollado un tumor de células germinales y deben ser derivadas con urgencia al hospital ya que la cirugía conservadora seguida de quimioterapia puede salvar sus vidas. En este subgrupo, el aumento del nivel de los marcadores tumorales gonadotrofina coriónica humana ß, fetoproteína α y lactato deshidrogenasa puede ayudar al diagnóstico y deben ser solicitados sin retrasar la derivación.

A los 65 años, el 4% de las mujeres han sido hospitalizadas por un quiste ovárico, siendo en Inglaterra el cuarto motivo de internación entre las causas ginecológicas. En el Reino Unido, todos los años se diagnostica el cáncer de ovario en casi 1.000 mujeres <50 años. Entre las mujeres premenopáusicas, más del 90% de los casos tratados quirúrgicamente son benignos, en comparación con solo el 60% en la población posmenopáusica.

La recomendación actual para que el médico general haga la derivación al especialista se basa en los síntomas y los resultados del análisis del CA125, aunque el procedimiento diagnóstico óptimo para las mujeres premenopáusicas con un tumor ovárico complejo y un nivel elevado de CA125 todavía no ha quedado definido. En este grupo de mujeres, una elevación considerable de los niveles de CA125 (>200 unidades/ml) o un aumento rápido de esos niveles debe aumentar el nivel de sospecha. Se puede tranquilizar a las mujeres informándoles que el nivel del CA125 puede ser anormal como resultado de la menstruación, y que los quistes ováricos pueden ser fisiológicos.

La investigación se centra en las mujeres que refieren síntomas y aumento del nivel del CA125, o tienen tumores anexiales anormales, con el objetivo de mejorar la capacidad del triage (N. del T.: método de selección y clasificación de pacientes basado en sus necesidades terapéuticas y recursos disponibles para su atención) en las mujeres. El proyecto ROCKETES ha sido financiado por el National Institute for Health Research para identificar, obtener y validar mejores pruebas y puntajes de riesgo para las mujeres pre postmenopáusicas, tanto en atención primaria como secundaria. Este proyecto está en marcha y proporcionará información útil sobre el mejor procedimiento diagnóstico para el futuro.

¿Cuál es el papel del cribado y las estrategias de prevención?

Un gran ensayo aleatorizado realizado en EE.UU. comparó el cribado anual mediante el análisis del CA125 y la ecografía con voluntarios en el grupo control a los que no se les realizó ningún estudio. Este ensayo no halló una modificación del estadio ni un beneficio en la mortalidad por cáncer de ovario.

Sin embargo, hacia fines de este año se publicarán los resultados de un ensayo aleatorizado controlado más grande, el Collaborative Trial of Ovarian Cancer Screening del Reino Unido (200.000 mujeres), que evaluó una estrategia diferente para el cribado aplicando el algoritmo ROCA (algoritmo para el riesgo de cáncer de ovario), que utiliza los niveles seriados del CA125. Los resultados más recientes del estudio muestran que la prueba seriada usando el algoritmo ROCA duplica el número de cánceres de ovario detectados, comparado con las pruebas utilizando los umbrales individuales del CA125.

Dado que reciente se ha comprobado que en muchas mujeres el sitio de inicio de la transformación neoplásica es el extremo de las fimbrias de la trompa de Falopio, actualmente, en Inglaterra, Columbia y Canadá se están evaluando en la población los resultados de la salpingectomía posparto oportunista, como una estrategia para prevenir el cáncer epitelial de ovario. Dentro de 10 años se conocerán los datos de la incidencia y la mortalidad a largo plazo.

 


¿Qué se recomienda para las mujeres con predisposición genética conocida?

La salpingooforectomía para reducir el riesgo es una práctica muy difundida, y es un componente clave para reducir el riesgo del cáncer de mama y ginecológico en las mujeres con mutaciones BRCA1 y BRCA2, una vez completadas sus familias. Se han propuesto estrategias alternativas, como la salpingectomía tardía, para así preservar la menopausia. El estudio Familial Ovarian Cancer Screening en las portadoras de mutaciones BRCA muestra que la vigilancia con 4 pruebas CA125 mensuales y la ecografía no redujo la mortalidad por cáncer de ovario.

 ¿Existen pruebas en el horizonte?

Sería muy bienvenido contar con mejores "pruebas" para discriminar entre los tumores ováricos malignos y benignos, ya que se reduciría los estudios innecesarios, las visitas al hospital y, sobre todo, la angustia asociada a un diagnóstico de posible malignidad cuando ése puede no ser el caso.

Los biomarcadores más nuevos, como el HE4 o el OVA1, individualmente o en combinación con el CA125, pueden mejorar la detección del cáncer de ovario pero todavía no se ha probado en la población de atención primaria. Las pruebas nuevas utilizando sofisticadas tecnologías genómicas son prometedoras para la detección precoz del cáncer de ovario. El ADN tumoral circulante en el plasma puede identificar pequeñas cargas tumorales. En un estudio reciente con una serie pequeña de 40 mujeres se pudo identificar con precisión a células tumorales ováricas en el frotis cervical. Ambas pruebas son dignas de más investigaciones.

¿Qué tratamientos existen para el cáncer de ovario?

El pilar del tratamiento del cáncer de ovario es una combinación de cirugía y quimioterapia─generalmente con platino. Los mejores resultados se obtienen en las mujeres cuya enfermedad está en un estadio temprano y en aquellas con enfermedad avanzada en las que todo el tumor pudo ser extirpado quirúrgicamente y la enfermedad es sensible a la quimioterapia con platino. Incluso en los grupos con enfermedad avanzada más favorables para ser tratados, alrededor del 70% sufrirá una recaída dentro de los 18 meses. En algunas mujeres con enfermedad avanzada, el mejor enfoque puede ser iniciar el tratamiento con la quimioterapia y no con la cirugía, postergando esta última hasta después de 3 ciclos de quimioterapia.

Dependiendo del momento de la recaída de la enfermedad, algunas mujeres alcanzarán remisiones prolongadas, pero la realidad objetiva es que el manejo de la recaída es paliativo y no curativo. El tratamiento en este estadio será principalmente la quimioterapia (u otros agentes) mientras que la cirugía puede tener un papel en mujeres seleccionadas.

¿Cuáles son las estadísticas de supervivencia?

Al cabo de 10 años, una supervivencia del 35% sigue siendo escasa. La supervivencia del cáncer de ovario depende mucho del estadio (supervivencia relativa a los 5 años en el estadio I, 92% vs. 5% en el estadio IV). Es probable que si en las etapas III-IV si se produce una modificación del estadio de presentación o una reducción de la carga tumoral haya una mejoría sustancial de la supervivencia y debe ser un objetivo esencial de la investigación y de los cambios en los programas del National Health Service a implementar en el futuro.
 
Preguntas para la investigación futura
 

  • ¿Cuáles son los procedimientos diagnósticos óptimos en atención primaria y secundaria para las mujeres premenopáusicas y posmenopáusicas con síntomas inespecíficos (www.birmingham.ac.uk/ROCKETS)
     
  • ¿Pueden las nuevas tecnologías (por ej., ADN tumoral circulante en plasma; secuenciación de ADN del tumor en el frotis de de la exfoliación cervical, perfil de esteroides urinarios) mejorar las pruebas de diagnóstico para el cáncer de ovario?
     
  • ¿Cuál es la mejor estrategia de seguimiento para las pacientes con mutaciones BRCA que están en alto riesgo de desarrollar cáncer de ovario?
     
  • ¿Pueden las clínicas multidisciplinarias que estudian a las mujeres con síntomas inespecíficos mejorar la detección precoz del cáncer de ovario?
     
  • Los médicos generales ¿pueden identificar a las pacientes que deben ser estudiadas o derivadas, para mejorar la detección temprana del cáncer de ovario?

Traducción y resumen objetivoDra. Marta Papponetti

Manejo quirúrgico agresivo del cáncer de vesícula biliar

 Autor/a: Dres. Jin LX, Pitt SC, Hall BL, Pitt HA Surgery 2013; 154(2): 266-73

Introducción

El carcinoma de vesícula es la neoplasia maligna biliar más común y el 7º cáncer gastrointestinal más común [1]. Esta enfermedad maligna es altamente letal, con una tasa de sobrevida a 5 años < 5%, para aquellos pacientes con enfermedad no tratable mediante resección quirúrgica [2,3]. Una resección R0 completa es el estándar de cuidado en los pacientes con enfermedad localizada y la única terapia definitiva potencialmente curable [4-6]. Dado que la mayoría de los casos de cáncer de vesícula es diagnosticada en estadio avanzado, las resecciones mayores, incluyendo la hemihepatectomía, trisegmentectomía y duodenopancreatectomía, pueden ser requeridas para lograr márgenes negativos. En años recientes, el concepto de que esos pacientes se benefician de un manejo operatorio agresivo con resección radical, ha sido cada vez más aceptado [7].

La sobrevida a largo plazo para los pacientes con cáncer de vesícula ha sido bien documentada y es altamente dependiente del estadio al momento de la presentación [7-10]. Sin embargo, los datos sobre los resultados a corto plazo en grandes cohortes de pacientes sometidos a tratamiento quirúrgico son menos comunes. Los reportes de instituciones aisladas han mostrado que la mortalidad operatoria para el cáncer de vesícula ha ido disminuyendo a medida que las técnicas quirúrgicas y el manejo perioperatorio han mejorado [5-8,11,12]. Las tasas de mortalidad de las resecciones mayores para el cáncer avanzado de vesícula, sin embargo, permanecen altas en relación con muchas otras operaciones gastrointestinales [13,14]. Por lo tanto, los objetivos de este estudio fueron caracterizar los procedimientos quirúrgicos realizados en pacientes con cáncer de vesícula y los resultados perioperatorios asociados, en una cohorte multicéntrica grande en Norteamérica.

Métodos

El American College of Surgeons-National Surgical Quality Improvement Program (ACS-NSQIP)
El ACS-NSQIP es un registro multicéntrico basado en resultados ajustados por riesgo, con el objetivo de mejorar la calidad de la atención quirúrgica [15]. Ciento treinta y seis variables preoperatorias (características de los pacientes), intraoperatorias (procesos de atención) y postoperatorias (resultados adversos) son recolectadas por revisores clínico-quirúrgicos entrenados y certificados. Los resultados son evaluados a los 90 días después de la operación y se usan definiciones altamente estandarizadas y validadas.

Durante el período de estudio, el ACS-NSQIP usó un proceso sistemático de muestreo al azar, que abarcó un ciclo de 8 días, mientras que los primeros 40 casos que llenaron los criterios de inclusión y exclusión fueron evaluados. Los pacientes menores de 18 años fueron excluidos. Los datos sobre calidad fueron monitoreados mediante auditorías de confiabilidad inter calificadores así como soporte en línea para decisiones. Los datos fueron obtenidos de los ACS-NSQIP Participants Use Files, desde el 1 de enero de 2005 hasta el 31 de diciembre de 2009. Ese período de tiempo representa los primeros 5 años de datos del ACS-NSQIP. Durante ese tiempo, participaron 243 centros; 54% fueron académicos.

Procedimientos quirúrgicos
Los códigos primario y secundario para procedimientos de la Common Procedural Terminology, tal como fueron registrados en el ACS-NSQIP, se usaron para agrupar a los pacientes en uno de los siguientes 6 grupos de procedimientos: (1) diagnóstico; (2) colecistectomía; (3) hepatectomía parcial; (4) hepatectomía extendida; (5) paliación y (6) otro. Los procedimientos diagnósticos incluyeron sólo laparoscopía o laparotomía, con o sin biopsia. La colecistectomía incluyó procedimientos laparoscópicos y abiertos sin hepatectomía concomitante o cualquier otro procedimiento paliativo. La hepatectomía parcial incluyó resecciones en cuña, pero excluyó las hepatectomías derecha e izquierda. La hepatectomía extendida incluyó a las hepatectomías derecha, izquierda y extendida (más de 3 segmentos). Para los pacientes sometidos a hepatectomía, el número de anastomosis bilioentéricas concomitantes también fue registrado. Los procedimientos paliativos incluyeron procedimientos de derivación biliar, gastroyeyunostomía y esplanicectomía con alcohol, sin remoción de la vesícula y/o el hígado. Todos los otros procedimientos que no estuvieron relacionados directamente con el cáncer de vesícula subyacente fueron excluidos del análisis ulterior.

Pacientes con cáncer de vesícula

Los pacientes mayores a 18 años de edad que fueron sometidos a un procedimiento quirúrgico por cáncer de vesícula, fueron identificados mediante los códigos 156 o 156.0 asignados postoperatoriamente en la International Classification of Diseases, 9º edición (ICD-9). Los pacientes con diagnóstico de: (a) malignidad del hígado y de la vía biliar intrahepática (código 155 de la ICD-9), (b) malignidad de la vía biliar intrahepática (código 155.1 de la ICD-9), (c) malignidad de la vía biliar extrahepática (código 156.1 de la ICD-9), (d) malignidad de otros sitios especificados de la vesícula y de la vía biliar extrahepática (código 156.8 de la ICD-9) o (e) malignidad del tracto biliar en sitio no especificado (código 167.9 de la ICD-9), fueron excluidos.

Se recogieron 25 factores demográficos por cada paciente. El ACS-NQIP define al “cáncer diseminado” como (a) diseminación a uno o más sitios además del sitio primario y (b) cuando la presencia de metástasis múltiples indica que el cáncer está ampliamente diseminado, es fulminante o casi terminal. La ictericia fue definida como una medición de bilirrubina total > 1,5 mg/dL, antes del procedimiento. Los datos estuvieron disponibles en el 89,2% de los pacientes.

Resultados
Múltiples resultados fueron evaluados postoperatoriamente a los 30 días, en relación a si el paciente permanecía hospitalizado, había egresado o había sido readmitido en la misma o en otra institución. Todas las causas de mortalidad a los 30 días, así como la morbilidad global y la grave, fueron evaluadas. La morbilidad grave fue definida como la infección del sitio quirúrgico, órgano o espacio (ISQ), dehiscencia de la herida, evento neurológico, paro cardíaco, infarto de miocardio, embolia pulmonar, dependencia del respirador, insuficiencia renal progresiva o aguda y sepsis o shock séptico. Los eventos neurológicos incluyeron ictus o accidente cerebrovascular, coma por más de 24 horas o déficit neurológico periférico. La morbilidad global incluyó cualquier morbilidad grave, así como ISQ superficial o profunda, neumonía, reintubación no planificada, infección del tracto urinario (ITU) o trombosis venosa profunda (TVP). Toda ISQ fue definida como superficial, profunda, de órgano-espacio o dehiscencia de la herida. El retorno a la sala de operaciones y la duración de la estadía hospitalaria también fueron registrados.

Análisis estadísticos
Las características demográficas, mortalidad, morbilidad grave y morbilidad global, así como los otros resultados descritos, fueron comparados usando la prueba de 2 para las variables categóricas y el análisis de la varianza con la prueba t de Student para las variables continuas. La significación fue fijada en P < 0,05. El programa STATA, versión 11.0 (StataCorp LP, College Station, TX) fue usado para todos los análisis estadísticos.

Resultados

Procedimientos quirúrgicos
Un total de 613 pacientes con cáncer de vesícula fueron identificados (Tabla 1). Se realizó un procedimiento diagnóstico en el 13% y uno a más procedimientos paliativos en el 6%. Un procedimiento potencialmente curativo fue completado en 424 pacientes (69%). De esos pacientes, la distribución fue: colecistectomía 35%, hepatectomía parcial 59% y hepatectomía extendida en 6%. Entre los 249 pacientes que fueron sometidos a hepatectomía parcial, 13 (5,2%) tuvieron también una anastomosis bilioentérica. Entre los 25 pacientes con hepatectomía extendida, seis (24%) también tuvieron una anastomosis bilioentérica. Entre los “otros” pacientes, 12 fueron sometidos a duodenopancreatectomía, pero no se realizó una hepatectomía y pancreatectomía combinadas en ningún paciente.

• TABLA 1: Procedimientos quirúrgicos

Pacientes con cáncer de vesícula
La mediana de la edad de los pacientes fue de 67 años (rango intercuartilar [RIC]: 59-75) y el 65% fueron mujeres (Tabla 2). Los pacientes sometidos a colecistectomía tuvieron mayor edad (P < 0,001; mediana 73 años) comparado con los pacientes que fueron sometidos a hepatectomía extendida (63 años). Los pacientes que recibieron procedimientos paliativos tuvieron también más edad (mediana 70 años; RIC: 60-75). En todos los grupos de procedimientos hubo más mujeres que hombres; no obstante, en los pacientes que tuvieron procedimientos diagnósticos, la proporción de mujeres (51%) fue menor (P < 0,05). La mayoría de los pacientes eran blancos (65%), pero la distribución racial varió (P = 0,004) entre los grupos de procedimientos. La clase ASA (American Society of Anesthesiologists) también varió (P = 0,009), con un mayor porcentaje de pacientes con hepatectomía extendida siendo más sanos, con una clase ASA 2 (alteración menor).

 TABLA 2: Datos demográficos de los pacientes por procedimiento operatorio (Ver tabla)

Todos los 25 pacientes que fueron sometidos a hepatectomía extendida eran también funcionalmente independientes. Tanto los pacientes que tuvieron una hepatectomía parcial como los de hepatectomía extendida, tuvieron mayor probabilidad de ser independientes que los pacientes sólo con colecistectomía (97% y 100%, respectivamente, vs 91%; P < 0,02). El 14% de los pacientes colecistectomizados fue operado de manera ambulatoria, mientras que todos los de los otros grupos de procedimientos tuvieron más del 90% de los pacientes clasificados como internados (P < 0,001). Fue menos probable una operación de emergencia con la hepatectomía parcial (0,8%) y extendida (0%) y más probable (8%) con los procedimientos paliativos (P < 0,04).

La información sobre las comorbilidades de los pacientes se presenta en la Tabla 3. Los grupos quirúrgicos no difirieron con respecto a la obesidad, diabetes, uso de alcohol, tabaco o esteroides. Los grupos fueron también similares con respecto a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), insuficiencia cardíaca congestiva, enfermedad coronaria o vascular periférica y desórdenes neurológicos. Los pacientes sometidos a hepatectomía extendida tuvieron mayor probabilidad (P < 0,001) de tener un cáncer diseminado al momento de la primera operación (16%), comparado con los pacientes sometidos a colecistectomía (3%) o hepatectomía parcial (5%). Similarmente, los pacientes que recibieron procedimientos paliativos tuvieron mayor probabilidad (P < 0,01) de tener un cáncer diseminado (18%) y pérdida substancial de peso (28%), así como de haber recibido recientemente quimioterapia (8%) o radioterapia (8%). Los pacientes sometidos a colecistectomía tuvieron menor probabilidad (P < 0.05) de tener ictericia.

• TABLA 3: Comorbilidades pro procedimiento quirúrgico (Ver tabla)

Resultados
Los resultados por procedimiento quirúrgico se presentan en la Tabla 4. La tasa de mortalidad entre los 424 pacientes que recibieron un procedimiento potencialmente curativo fue del 4,6%. La mortalidad fue mayor (P < 0,01) en los pacientes sometidos a hepatectomía extendida (16%) o a un procedimiento paliativo (15%). Similarmente, la morbilidad grave fue mayor (P < 0,01) en los grupos de hepatectomía extendida (24%) y paliativo (28%). Ese patrón fue también verdadero para la morbilidad global. Los pacientes con hepatectomía extendida tuvieron una mayor probabilidad (P < 0,02) de volverse dependientes del respirador (12%), de desarrollar una ITU (8%), sepsis (12%) o shock séptico (12%). Los pacientes del grupo paliativo también tuvieron una mayor probabilidad (P < 0,02) de desarrollar una ISQ superficial (13%), insuficiencia renal (5%), ITU (12%) o sepsis (20%). Como resultado de ello, la mediana de la duración de la estadía fue mayor en la hepatectomía extendida (8 días) y en los pacientes con paliación (9 días; P < 0,001).

• TABLA 4: Resultados por procedimiento quirúrgico (Ver tabla)

Discusión

El ACS-NSQIP Participant Use File fue consultado para caracterizar los resultados, a corto plazo, de las operaciones en los pacientes con cáncer de vesícula en Norteamérica. Durante un período de 5 años, 613 pacientes fueron operados en 243 hospitales. Se realizó una operación potencialmente curativa en el 69% de los casos, mientras que las operaciones diagnósticas y paliativas fueron llevadas a cabo en el 13% y 6% de los pacientes, respectivamente. La hepatectomía parcial fue el procedimiento potencialmente curativo más frecuentemente realizado (59%), seguida por la colecistectomía (35%) y la hepatectomía extendida (6%). Los pacientes sometidos a hepatectomía extendida fueron significativamente más jóvenes y más sanos, mientras que aquellos sometidos a procedimientos paliativos fueron más ancianos y tuvieron mayor probabilidad de tener pérdida de peso y de haber recibido quimio o radioterapia. La morbilidad grave, la morbilidad global y la mortalidad, fueron peores para aquellos con hepatectomía extendida y procedimientos paliativos.

A pesar del pobre pronóstico del cáncer de vesícula en estadio avanzado, varios estudios recientes han mostrado que la resección agresiva puede mejorar la sobrevida a largo plazo [7,11,16-18]. En una revisión retrospectiva de datos de Surveillance, Epidemiology and End Results (SEER), Jensen y col. [18], mostraron que la resección radical es vastamente subutilizada en Norteamérica. Aunque algunas series han demostrado un aumento en la tasa de resecciones concomitantes del hígado con el paso del tiempo [7,11], los reportes de la experiencia norteamericana generalmente se han limitado a series de centros académicos aislados [5,7,11,19]. El presente análisis es consistente (6%) con los datos de SEER (10%) en que la tasa de hepatectomía extendida por cáncer de vesícula es baja, en relación con las tasas reportadas en Asia.

En comparación con los estudios norteamericanos mencionados, las series de Japón y China reportan una tasa más grande de resecciones extendidas, yendo dese el 30% al 60%, cuando se tratan cánceres de vesícula en estadio avanzado [10,14,17,20,21]. Esas tasas son difíciles de comparar con el presente estudio, porque su análisis incluye a pacientes sometidos a tratamiento para todos los estadios. Sin embargo, el manejo agresivo de la enfermedad avanzada, incluyendo la hepatectomía extendida, duodenopancreatectomía, disección ganglionar linfática extendida y resección vascular combinada, han sido apoyadas por algunos centros en Norteamérica [13,14]. De manera similar a este reporte, esas series japonesas y chinas documentan una tasa alta de morbilidad y mortalidad perioperatorias en pacientes sometidos a resecciones extensas. Se ha demostrado una buena sobrevida a largo plazo si se lograban márgenes negativos [10,14].

En este análisis del ACS-NSQIP, un porcentaje sustancial de los pacientes (24%) sometidos a una operación por cáncer de vesícula, recibieron sólo una colecistectomía. Ese hallazgo es importante, porque las guías actuales de la National Comprehensive Cancer Network recomiendan la resección radical de la fosa vesicular como el tratamiento óptimo para el cáncer de vesícula en estadio temprano [22]. Los pacientes sometidos sólo a colecistectomía tuvieron una mayor probabilidad de ser más añosos que los pacientes con hepatectomía parcial o extendida. La alta mortalidad observada en esos pacientes (7%), así como en aquellos sometidos a procedimientos diagnósticos (9%) puede ser explicada, en parte, por la extensa enfermedad metastásica al momento de la presentación.

Dada la naturaleza de la base de datos ACS-NSQIP, otros pacientes en ese grupo pudieron haber tenido un descubrimiento incidental de cáncer de vesícula y pudieron haber recibido subsecuentemente una operación más definitiva. Los reportes de Norteamérica sugieren que un tercio a la mitad de los pacientes derivados a centros terciarios por cáncer de vesícula, tuvieron una colecistectomía laparoscópica o a cielo abierto realizada antes de ser derivados [7,12]. Esos pacientes deberían ser considerados para una “colecistectomía extendida” después de una evaluación apropiada para excluidor toda evidencia de metástasis [23]. En contraste, si los pacientes tenían tumores T1a, la colecistectomía sola puede ser considerada un tratamiento definitivo [19].

En este reporte de los datos del ACS-NSQIP la hepatectomía parcial fue el procedimiento quirúrgico más frecuentemente realizado para el cáncer de vesícula. Esos procedimientos de “colecistectomía extendida” tuvieron tasas bajas de morbilidad y mortalidad y, por lo tanto,  fueron seguros. Ese hallazgo es consistente con la tendencia general en el manejo del cáncer de vesícula en la última década [7,11,19,24]. El órgano con mayor probabilidad de ser invadido por el cáncer de vesícula es el hígado adyacente. Existe un debate considerable sobre el rol de otros procedimientos, tales como: (a) la extensión de la disección ganglionar linfática local, (b) si el conducto biliar debe ser rutinariamente resecado y (c) si está indicada la resección portal cuando se realiza una “colecistectomía extendida” [24]. Desafortunadamente, la base de datos ACS-NSQIP de 2005-2009 no brinda información sobre esos tópicos, lo que es una limitación importante de este reporte.

El examen cuidadoso del estado funcional preoperatorio, debería guiar la selección de pacientes para la resección hepática extendida, en pacientes con cáncer de vesícula avanzado [5,14]. La resección curativa puede lograr sobrevida a largo plazo en pacientes seleccionados, aun con enfermedad en estadio IV [10]. La morbilidad y mortalidad perioperatorias para esos procedimientos siguen siendo altas y es un factor potencialmente limitante para el uso expandido de esas operaciones [14,16,25]. El presente análisis confirma que, a pesar de una edad media más joven, clase ASA menor y mejor estado funcional de la cohorte sometida a resección extendida, las complicaciones postoperatorias, tales como la insuficiencia renal aguda, dependencia prolongada del respirador, shock séptico y muerte, fueron significativamente más grandes que en los otros grupos quirúrgicos. Esas observaciones sugieren que la realización de una operación aún más extendida, una hepático-duodenopancreatectomía combinada, se asociaría también con una morbilidad y mortalidad muy altas. Interesantemente, ninguna de esas operaciones fueron capturadas en la base de datos ACS-NSQIP durante el período de 5 años, lo que puede sugerir que los cirujanos norteamericanos consideran los resultados de esa operación muy radical como prohibitivamente altos.

El presente reporte debe considerarse a la luz de varias limitaciones adicionales. Primero, el ACS-NSQIP no recolecta información sobre radiología vesicular o hepática. El conocimiento sobre qué proporción de colecistectomías realizadas por cáncer de vesícula tuvo hallazgos radiográficos preoperatorios sospechosos de malignidad, podría ser de ayuda para interpretar esos datos. Segundo, una limitación mayor es la falta de datos anatomopatológicos. Como resultado, el estadio del tumor no pudo ser determinado y no se puede abrir juicio sobre si la colecistectomía, la hepatectomía parcial o la extendida, fueron aplicadas apropiadamente. Tercero, algunas complicaciones de interés particular cuando se realizan operaciones hepatobiliares (por ej., filtraciones biliares y falla hepática) no fueron consignadas en el período 2005-2009. El ACS-NSQIP ha reconocido esas limitaciones y está implementando numerosas variables específicas de la hepatectomía en 2013, tales como ictericia preoperatoria y drenaje biliar, embolización venosa portal, procedimientos concomitantes como resección de conductos biliares, filtraciones biliares, falla hepática, así como estadios T, N y M.

Cuarto, sólo la mortalidad dentro de los 30 días es suministrada por el ACS-NSQIP. Para la hepatectomía, es preferible la mortalidad dentro de los 90 días. Quinto, la información de la sobrevida a largo plazo no está disponible en el ACS-NSQIP. Esa limitación es importante también, porque la influencia de los resultados a corto plazo sobre la sobrevida global o la libre de enfermedad no pueden ser determinadas, aunque podría esperarse que fuera relevante. Finalmente, los hospitales participantes en el ACS-NSQIP tienen una mayor probabilidad de ser grandes centros académicos que, generalmente, tienen énfasis en la mejora de la calidad. Aunque ese factor puede limitar la generalización, ha ocurrido una significativa regionalización de la hepatectomía, en centros con alto volumen de pacientes, en la década pasada.

En conclusión, este análisis de una cohorte multicéntrica grande en Norteamérica, sugiere que la hepatectomía parcial es el procedimiento realizado más comúnmente y con mayor seguridad para el cáncer de vesícula. La cirugía paliativa no es efectuada comúnmente, quizás a causa de la alta morbilidad y mortalidad asociadas. Una minoría pequeña de pacientes más jóvenes y más sanos, es sometida a hepatectomía extendida, pero la morbilidad y mortalidad de esa operación es mucho mayor, comparada con procedimientos menores. En consecuencia, toda ventaja potencial a largo plazo de la cirugía extendida, para el cáncer de vesícula, debe ser atemperada por el riesgo aumentado a corto plazo. Asimismo, la baja tasa de hepatectomía extendida en esta cohorte sugiere que los cirujanos en Norteamérica pueden ser menos agresivos que algunos pares internacionales, persiguiendo una resección muy radical para el cáncer de vesícula. Ese abordaje puede ser apropiado, a la luz del riesgo aumentado, en el corto plazo, de la cirugía extendida. El presente análisis sugiere también que los pacientes con cáncer de vesícula deberían ser manejados en centros con alto volumen de casos, con experiencia con esos enfermos complejos.

♦ Comentario y resumen objetivo: Dr. Rodolfo D. Altrudi

lunes, 12 de agosto de 2024

Cáncer de páncreas

Autor/a: Ajith K Siriwardena, professor of hepatobiliary surgery, Alison M Siriwardena, salaried general practitioner Pancreatic cancer

Resumen de los puntos principales

  • Considere el diagnóstico de cáncer de páncreas en todos los pacientes que se presentan con ictericia obstructiva indolora y solicite evaluaciones adicionales.
     
  • Considere el diagnóstico en pacientes con síntomas gastrointestinales inespecíficos persistentes combinados con inicio reciente de dolor de espalda atípico o diabetes de inicio reciente.
     
  • La derivación precoz, la evaluación, y la resección quirúrgica con quimioterapia adyuvante son los pilares de la atención a los pacientes con enfermedad resecable, pero la mayoría de los pacientes no son candidatos para la cirugía.
     
  • En los pacientes con enfermedad no resecable, el tratamiento se orienta hacia el alivio de la ictericia, una analgesia adecuada, el establecimiento de un diagnóstico histológico, la consideración de la quimioterapia, la sustitución pancreática exócrina y los cuidados paliativos adecuados.

Viñeta clínica
Un hombre de 74 años que se había automedicado con antiácidos por la dispepsia recurrente consultó a su médico de cabecera cuando los síntomas persistieron durante tres meses. Después de la evaluación su médico le recetó un inhibidor de la bomba de protones y acordó un control en cuatro semanas. Dos meses más tarde, desarrolló dolor de espalda y se le recetó paracetamol con consejos sobre la movilización. Dentro de las cuatro semanas desarrolló ictericia con orina oscura y fue ingresado en su hospital local. Una tomografía computarizada con contraste confirmó el diagnóstico de cáncer de páncreas localmente avanzado, no resecable. Recibió quimioterapia paliativa pero murió cinco meses después.

El cáncer de páncreas

Más de ocho de cada 10 casos de cáncer de páncreas son adenocarcinomas ductales derivados del epitelio del páncreas exócrino. La obstrucción del conducto biliar común da lugar a la presentación clásica de la ictericia obstructiva indolora (orina oscura, heces de color claro, y prurito debido a hiperbilirrubinemia).2

Los tumores también pueden surgir desde el cuerpo o la cola de la glándula, y éstos son particularmente difíciles de diagnosticar porque los síntomas tienden a ser tardíos.3 4

¿Qué tan común es?

En 2012, el cáncer de páncreas fue el décimo diagnóstico de cáncer más común en el Reino Unido y la quinta causa más común de cáncer relacionado con la muerte.5

La incidencia está fuertemente relacionada con la edad, con un fuerte incremento después de 50-54 años.

En 2011 hubo 8.773 nuevos casos en el Reino Unido: 4328 (49%) en hombres y 4.445 (51%) en mujeres, dando una razón hombre: mujer de casi 1:11.

Las cifras de incidencia y de mortalidad son similares, con cerca de 8.000 personas que mueren de la enfermedad cada año.1

La incidencia parece ser mayor en el mundo occidental, posiblemente debido a la mayor prevalencia de obesidad.6

La resección quirúrgica seguida de quimioterapia adyuvante es el tratamiento óptimo, pero la mayoría de los pacientes no son adecuados para la cirugía debido a la comorbilidad o a que el tumor está localmente avanzado o tiene metástasis.7 8

¿Por qué se pierde el diagnóstico?

El diagnóstico de cáncer de páncreas es fácil de perderse en la presentación inicial porque sus síntomas de presentación son inespecíficos y comunes. Los síntomas no específicos se pueden categorizar como sistémicos o locales.

Las características sistémicas incluyen: Pérdida de peso y la aparición de diabetes o de problemas en la regulación de la tolerancia a la glucosa.9

Los síntomas locales incluyen: Dolor abdominal y dolor de espalda. El dolor abdominal, a menudo es epigástrico y se irradia a la espalda, se confunde fácilmente con la dispepsia tanto por los pacientes como por los médicos. El dolor de espalda es también común en el cáncer de páncreas,10 posiblemente debido a la propagación extrapancreática que puede implicar a los plexos neuronales peri-pancreáticos. Sin embargo, el dolor de espalda es común en el grupo de edad más afectado por el cáncer de páncreas, y en ausencia de otros síntomas o signos es poco probable que despierten una sospecha de cáncer de páncreas en la primera presentación.

La ictericia es un síntoma relativamente tardío. Por lo general, la aparición de la ictericia precipita la consulta y la rápida remisión del paciente. La obstrucción del conducto pancreático principal puede llevar a comprometer la función exócrina, lo que se puede manifestar en la intolerancia grasa, esteatorrea y pérdida de peso.10 Este cuadro clínico es un fenómeno propio de la etapa tardía, pero los síntomas más leves puede ser notables en una etapa temprana.

¿Por qué ocurre?

Alrededor de la mitad de los pacientes que se presentan con cáncer de páncreas son admitidos como una emergencia, ya sea a través de los servicios de urgencias o de medicina general; esta es la más alta proporción de referencias a emergencia para cualquier cáncer.11 Sólo alrededor del 11% se derivan bajo el sistema de dos semanas de espera para los pacientes sospechosos de cáncer. 11

Los pacientes que se presentan como situaciones de emergencia tienen una tasa de supervivencia a 12 meses menor (9%) que los que se ingresan derivados por otras vías (19%) o como controles de rutina electivos (26%).11

Estas diferencias en el tiempo de supervivencia sugieren que los síntomas y signos que actualmente precipitan una derivación con sospecha de cáncer son sus características finales.

La supervivencia estandarizada a un año para el cáncer de páncreas en Inglaterra (2005-09) fue del 17% para los hombres y 19% para las mujeres.12

En el gran estudio ESPAC-3, la resección del tumor primario seguida de quimioterapia adyuvante se asoció con una mediana supervivencia de 43 meses (95% intervalo de confianza del 34 a 56), con el 29% de los pacientes vivos cinco años después de la cirugía.8

Por lo tanto, aunque no todos los pacientes con cáncer de páncreas son candidatos para la cirugía, la evidencia sugiere que la cirugía mejora la supervivencia y el diagnóstico temprano de los tumores no metastásicos puede permitir que más pacientes tengan acceso a la resección. El diagnóstico precoz evitaría también el trauma asociado con el retraso diagnóstico.

¿Cómo se diagnostica el cáncer de páncreas?
Características clínicas

El cáncer de páncreas se debe considerar en cualquier paciente con inicio reciente de ictericia obstructiva indolora. En esta configuración, se debe constar una derivación temprana para más evaluaciones.13

El diagnóstico es más difícil en los pacientes sin ictericia. Aquí la coexistencia de síntomas gastrointestinales inespecíficos persistentes con inicio reciente de dolor de espalda atípico, sobre todo en presencia de diabetes recién diagnosticada o pérdida de peso, debe plantear un índice de sospecha sobre el cáncer de páncreas.

Un estudio a gran escala basado en una base de datos de atención primaria ha desarrollado un algoritmo para el diagnóstico de cáncer de páncreas.14 Los predictores independientes en los hombres y en las mujeres fueron14:

  • Edad
  • Tabaquismo
  • Diabetes tipo 2
  • Pancreatitis crónica
  • Dolor abdominal
  • Anorexia
  • Pérdida de peso

El 10% de los pacientes con más alto riesgo predicho está compuestos por el 62% de todos los cánceres pancreáticos diagnosticados durante los próximos dos años.14

Un análisis de casos y controles que comparó 3.635 pacientes recién diagnosticados emparejados con controles según la edad y el sexo encontró que nueve características estaban asociadas con el cáncer de páncreas (todos P <0.01).15 Estas características fueron:

  1. Ictericia
  2. Dolor abdominal
  3. Náuseas o vómitos
  4. Dolor de espalda
  5. Estreñimiento
  6. Diarrea
  7. Pérdida de peso
  8. Malestar general
  9. Diabetes de nueva aparición

Investigaciones complementarias

Las pruebas bioquímicas de función hepática pueden ayudar a distinguir entre una ictericia obstructiva y una hepatocelular en pacientes con ictericia indolora y guiar la derivación hacia  equipos médicos o quirúrgicos.

Ecografía abdominal: puede sugerir el diagnóstico, pero un resultado normal no excluye cáncer pancreático.13 Para el diagnóstico de cáncer de páncreas, la ecografía tiene una sensibilidad del 90% y una especificidad del 97%.16 El ultrasonido es dependiente del operador y puede producir resultados negativos falsos si el páncreas está oscurecido por el gas en el colon transverso suprayacente.17

Tomografía computada:

Las directrices británicas recomiendan actualmente tomografía computarizada de alta resolución con contraste como la prueba de diagnóstico de elección.13 Tiene una sensibilidad de 75-100% y una especificidad del 70-100% para el diagnóstico de cáncer de páncreas. Aunque la sensibilidad para las lesiones de menos de 2 cm es sólo 68-77%.17 La prueba también proporciona información sobre el pronóstico mediante la indicación de la presencia o ausencia de metástasis en el hígado y la invasión de estructuras vasculares locales.

¿Cómo se gestiona el cáncer de páncreas?

La gestión moderna de los pacientes con cáncer de páncreas requiere atención multidisciplinaria en un centro especializado de alto volumen. En pacientes con pocas (o sin) comorbilidades y un pequeño tumor no metastásico, las directrices actuales abogan por la resección quirúrgica seguida de quimioterapia adyuvante.7

Sin embargo, la mayoría de los pacientes no son candidatos para la cirugía, y la atención de apoyo tiene como objetivo aliviar la ictericia; establecer un diagnóstico histológico del cáncer; y ofrecer quimioterapia paliativa, terapia de reemplazo pancreático exócrina, analgesia adecuada, y cuidados paliativos.7